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Recuerdos de juventud en Tarragona

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Corría el año 1947 y yo era novato en la ciudad de Tarragona, una ciudad apática y dormida. Un regimiento militar daba algo de vida y color a la ciudad. El Seminario bullía de seminaristas, con su sotana negra y banda azul, paseando en fila de a dos. El Nástic había alcanzado la cúspide del fútbol nacional, lo cual animaba a la juventud a la práctica del fútbol, que usaba el campo de Marte –sin árbol ni arbusto alguno por aquel entonces- como terreno deportivo. Dos piedras separadas limitaban la portería. Cada diez córners se lanzaba un penalti. Intentamos formar un equipo y conseguimos que nos dejasen un equipamiento. Compré un balón en muy mal estado a un trapero. En la esquina de la calle Reding con la calle Colón, un talabartero nos la cosió. Pusimos al equipo el nombre de La Garra, pero nos faltaba el terreno de juego. Pensando en el campo de juego que poseía el Regimiento de Infantería Badajoz 26 en la ciudad, pedimos ser recibidos por el coronel al mando. Nos recibió y escuchó nuestra petición deportiva, firmando la autorización para que utilizásemos el campo de fútbol. Algún domingo organizábamos encuentros con otras agrupaciones. El oficial de guardia nos abría la puerta y cuarenta o cincuenta jóvenes disfrutábamos de unas instalaciones reglamentarias. Yo, que había conseguido con mi dinero el balón en el trapero y su arreglo por el talabartero, me lo quedé. Todo lo hicimos por el deporte.

Francisco Ortiz de Pinedo Mendiluce

(Tarragona)

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