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Reglamentar emociones

Antoni Coll i Gilabert

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El profesor Jorge Vilches, en El Español, se ha entretenido en buscar cómo se comportó el Congreso cuando fallecieron ilustres parlamentarios. Fue de manera desigual.

No hubo silencio para Labordeta, aduciendo que no se había hecho con otros. En caso de Manuel Fraga, la declaración que se leyó fue boicoteada por IU, ERC, PNV y BNG. Con la muerte de Carrillo, en cambio, aplaudieron todos los diputados puestos en pie en homenaje a su memoria, pese a la mayoría absoluta del PP. Algo parecido sucedió en los casos de Peces-Barba, y Solé Tura.

Cuando murió Castelar, viejo republicano, el Congreso lo despidió con respeto unánime pese a que los diputados monárquicos eran mayoría aplastante.

Alguien se ha preguntado estos días si no debería regularse esto. Creo que no: no se pueden reglamentar los sentimientos, los respetos, las emociones. Es cuestión de humanidad y generosidad.

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