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Relatos salvajes

Los conflictos son positivos si finalmente son abordados, conducidos, transformados y superados
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El filósofo alemán Julien Freund, define los conflictos humanos como choques intencionales entre individuos que desean romper la resistencia del contrario hasta su aniquilamiento físico. Y el maestro Tarantino, convierte en arte la ironía que puede llegar a alcanzar el horror, haciendo que la sangre sea aún más roja que la real.

Con cada clase de los diferentes conflictos humanos, podría filmarse la segunda parte de Relatos salvajes, una extraordinaria película argentina de un avanzado discípulo que ganará el óscar a la extranjera por haber inventado seis historias cuyo común denominador es el de que un antílope se gira contra las hienas.

Los cinco primeros relatos podrían tratar sobre conflictos laborales, vecinales, deportivos, por lindes de fincas rústicas o familiares. Y relatar respectivamente las historias del asesinato de la presidenta de la Diputación de León, la muerte del alcalde de Fago, la angustia de Jimmy ahogándose en el Manzanares, la entrada con escopetas de dos hermanos en Puerto Hurraco, o la historia de un padre lanzando a su bebé disfrazado de Spiderman por el deslunado.

Pues bien, con todo, el relato final no versaría sobre carnicerías producidas por disputas en el uso de elementos comunes de la Propiedad horizontal (como sucedió por un pasillo del inmueble 754 de la calle Montes de Oca, en Avellaneda), sino que podría contar una pelea entre dos socios que han reído durante las vacas gordas y llorado en las flacas confirmando la tesis de Aron de que los conflictos crecen si escasean los bienes.

La palabra socio es polisémica, en lenguaje cheli significa hermano, en latín, compañero, entre quinquis, cómplice, y lejos de unirte en la enfermedad, se llama socios candy crush a los que sólo están en la salud del dividendo. No es lo mismo ser socio de un club de golf, que de una sociedad mercantil donde te juegas el dinero. La elección de un buen socio es tan relevante como escoger pareja ya que te atará a nivel personal, familiar, emocional y financiero hasta atreverme a afirmar, lapidariamente, que los conflictos sociales son peores que los matrimoniales.

Nuestro sexto relato salvaje desata una pelea entre un socio minoritario y una mayoritaria que alcanza tal nivel de enconamiento que hace realidad la maldición gitana, pelitos tengas y los ganes. Como registrador mercantil, he actuado de árbitro en cientos de ellos, suelen durar de media siete años, y asumo como gajes del oficio que me sienten en el banquillo, me insulten los compañeros o catedráticos me amenacen con pronunciar conferencias debajo de una foto mía con orejas de burro.

Nuestro relato salvaje comienza con un tramoyista colocando unos focos en mi despacho porque un empresario viene a hacerme una consulta. El hombre saca del bolsillo un pequeño cochecito, lo coloca sobre la mesa y empieza a empujarlo con el dedo índice, pues los italianos llaman avviamento al impulso que un empresario da a su empresa. El cochecito se detiene al llegar al tapete, me mira y me dice que le quedan dos días, que no cree que su hija sea capaz de hacerlo andar, y como si fuera sepulturero me pregunta si las leyes de sociedades permitirían hacerle un traje a medida que pudiera garantizarle muerto la continuidad de la obra de su vida.

La nueva reforma de sociedades de capital, de diciembre, pretende regular los conflictos de interés entre los socios, ser la Convención de Ginebra de esas guerras, y aunque permite establecer acciones sin voto o prestaciones accesorias laborales para atar a un directivo, son demasiado complejas, los juristas molestan, los intermediarios abundan y no pueden resolver todas las situaciones de esta vida.

Así que en la segunda escena, con el empresario ya fallecido, uno de los agraciados no se acuerda de su padre y chantajea a la hija confirmando la máxima de que si colocas a todos los malnacidos que has conocido, siempre aparece otro que convierte a sus madres en santas.

La cosa se va liando, cada cual saca su ejército y el conflicto sacude las vidas de los involucrados que interrumpen su sueño privándoles de la felicidad en sus vidas cotidianas y, también corroborando, que con los papeles se puede hacer más daño que mandando a un sicario a que te parta las piernas.

En realidad, nunca supe qué fue de aquella empresa, la industria mobiliaria de La Senia ha sido golpeada gravemente por la crisis, pero aprendí del ebanista que, al igual que dos padres pueden hacer más desgraciados a sus hijos juntos que separados, no existen situaciones, sólo personas con diferente concepto respecto de lo que significa ser socio, marido, vecino, amigo, cuñado, hermano, cómplice, colindante, trabajador, compañero o aficionado. Y que es más saludable vivir cómodo dentro de una fantasía, como dice Paul Auster, que detenerte a tirar piedras a todos los perros que te ladran, Winston Churchill.

Los conflictos son connaturales a nuestra humanidad, están en relación directa con el esfuerzo por vivir, y como afirma el catedrático UNESCO sobre Paz y Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Barcelona, Vicens Fisas, pueden ser positivos si finalmente son abordados, conducidos, transformados y superados. Es mejor hacer un pacto de enemigos para seguir siendo amigos, que llegar a un acuerdo amistoso y después guardártela como Oriol Junqueras a Artur Mas, tras meses de negociaciones que llegaron a buen puerto.

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