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Renaciendo poco a poco

Los operarios de la brigada de Tortosa trabajan estos días intensamente decorando la ciudad con banderas, guirnaldas y otros elementos ornamentales y festivos
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Los operarios de la brigada de Tortosa trabajan estos días intensamente decorando la ciudad con banderas, guirnaldas y otros elementos ornamentales y festivos. Los Abanderats ensayan al caer la tarde, en el patio del Escorxador, sus espectaculares lances, mientras empiezan a resonar los primeros tonos de dolçaina. Tortosa ya respira Renaixement. La fiesta celebra sus primeras dos décadas más viva que nunca. Y ni esta dichosa ola de calor impedirá que miles de personas recuperen sus vestidos renacentistas para llevar a la ciudad de nuevo a una de sus épocas de mayor esplendor.

La fiesta amplía poco a poco sus espacios, para ir llegando a todos los rincones del casco antiguo, desde la torre del Célio en Remolins hasta la remodelada plaza Mossèn Sol, en el barrio del Rastre. De forma paralela, poco a poco también se empieza a hacer visible la apuesta de los vecinos por la parte antigua de la ciudad, con nuevos comercios y bares que abren allí sus puertas. Pero el potencial de Tortosa es enorme y todavía está en buena medida por explotar.

Cada año se ven más turistas paseando por la orilla del Ebro o visitando la Catedral, pero todavía hay trabajo por hacer. Porque, por ejemplo, una maravilla de edificio renacentista como el de los Reials Col·legis tendría que ser conocido por todo el mundo, no sólo por los tortosinos y los ebrenses (y no por todos).

Las asociaciones de vecinos trabajan por mejorar las condiciones y la convivencia en esta parte de la ciudad, pero también aquí hay camino por recorrer. Y no poco.

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