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Opinion editorial

Renovación en el Parlament

La política catalana debe pasar página y para ello es imprescindible renovar a los diputados que no son operativos

Diari de Tarragona

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La política catalana sigue deambulando por la senda del desconcierto en espera de que finalmente alguien ponga un poco de cordura. De momento, todos los movimientos de cara a la formación del nuevo Parlament parecen fuera de control. Da la sensación de que cada cual hace lo que le viene en gana. Ayer, el balance arrojaba este singular panorama: de celebrase hoy la votación de president, el bloque independentista contaría con 65 diputados con capacidad de votar en directo en la cámara catalana (70 menos los cinco electos que han presentado credenciales: Puigdemont, Junqueras, Comín, Forn y Sànchez), uno menos de los que cuenta el bloque unionista. En estas condiciones los independentistas no alcanzarían la mayoría simple, dada la dificultad o casi imposibilidad de votar en el Parlament por permanecer en prisión o en Bruselas. Nadie es capaz de avalar con un mínimo de solidez que pueda admitirse una votación en remoto. Mantener al menos la mayoría simple (más síes que noes) de 67 diputados es necesaria para la investidura del president en segunda ronda, para la formación de un gobierno y la elección de la Mesa del Parlament. Decimos que este es el panorama a día de hoy. En cualquier caso, las decisiones son provisionales puesto que aún hay tiempo para que algunos de los que han decidido presentar credenciales renuncien a su acta de diputado para garantizar la mayoría soberanista Por su parte, Carles Mundó ha anunciado que deja la política para volver a la abogacía. Mundó, que ocupaba el quinto puesto de la lista de ERC por Barcelona, también estuvo encarcelado en Estremera y había sonado para presidir el Parlament tras el anuncio de Carme Forccadell de que no piensa repetir. Y como colofón a la convulsa jornada, Artur Mas ha anunciado que deja la presidencia del PDeCAT para no entorpecer los buenos augurios que las elecciones han pronosticado a Junts per Catalunya, la nueva criatura política de Puigdemont. No se debe detener aquí la renovación de los dirigentes políticos. Es el único camino.

 

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