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Responsabilidad de todos

Los gobiernos, más débiles, deberán hacer un esfuerzo de diálogo, pero a la oposición también le es exigible más responsabilidad
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La nueva legislatura que comienza en los municipios de todo el país anuncia una manera distinta de gestionar los ayuntamientos. La fragmentación de los grupos, la práctica desaparición de las mayorías absolutas (salvo algunas excepciones) y la debilidad de gran parte de los gobiernos impondrán maneras de gobernar más pactistas y más dialogantes. Como dijo ayer el reelegido alcalde de Tarragona, Josep Fèlix Ballesteros, «los ciudadanos no se equivocan nunca». Y esta vez los ciudadanos han querido que entren aires nuevos en los consistorios y han optado por ‘castigar’ a quienes han abusado del poder o simplemente llevaban muchos años instalados en las poltronas. Esta nueva situación, no obstante, no sólo obliga a realizar redoblados esfuerzos a los alcaldes que han tomado la vara de mando. También implica más responsabilidad para la oposición. Un ejercicio continuado de obstruccionismo, amparándose en la fragilidad de los gobiernos, puede derivar en un despotismo tan dañino como pudiera serlo el ejercido desde el poder. Las oposiciones deberán medir muy bien su actuación, sin perder de vista que el principio fundamental que debe moverles es el bien de la ciudad. En algunos de los plenos de ayer dio la impresión de que una crecida oposición estaba ya afilando los cuchillos para desollar al atemorizado alcalde. La legislatura que empieza puede ser plural, enriquecedora y fértil, o también puede provocar un caos paralizante.

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