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Revanchismo o sectarismo

Se trata no ya de actualizar la Historia, sino de practicar el simple sectarismo
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Uno de los argumentos de Ada Colau para quitar el busto del rey Juan Carlos I del Ayuntamiento de Barcelona –aparte de sus «profundas convicciones republicanas»– es que ha dejado de ser el Jefe de Estado en ejercicio. La hipocresía y sectarismo de la explicación, se comprueba porque su correligionario y homólogo gaditano, José María González Santos, Kichi, ha sustituido un retrato del anterior monarca por el de Fermín Salvochea, quien dejó de ser alcalde de Cádiz hace 141 años.

Se trata, pues, no ya de actualizar la Historia, sino de practicar el simple sectarismo ideológico y de un afán de inútil revanchismo, queriendo ignorar una parte importantísima del pasado colectivo.

Lo mismo ocurre en el Madrid que rige hoy día Manuela Carmena. La Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica ha confeccionado una lista de 200 calles cuyos nombres deben cambiar porque, según ella, contribuyen a la «exaltación de la sublevación militar de 1936, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura».

Entre ellos figura lo más granado y popular de los escritores de posguerra: González Ruano, Julio Camba, Jardiel Poncela, Josep Pla, Gerardo Diego, Miguel Mihura, Álvaro Cunqueiro, Eugenio D’Ors, Gómez de la Serna, Alfonso Paso…

Ya me dirán qué tienen que ver estas personas con «la represión».

Debido a este renovado y feroz afán revanchista, me temo que si algún día se descubriese, por ejemplo, que existió un tímido carteo de Miguel de Cervantes con la Inquisición, los puristas represores de hoy en día acabarían hasta prohibiéndonos leer el Quijote.

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