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Opinion editorial

Ricomà y la responsabilidad institucional

El nuevo alcalde debe asumir los compromisos adquiridos por el Ayuntamiento, por muy a la ligera que se tomaran

 

Diari de Tarragona

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Selección española de baloncesto 3x3, subcampeona del mundo. EFE

Selección española de baloncesto 3x3, subcampeona del mundo. EFE

El nuevo gobierno municipal de Esquerra Republicana de Catalunya se ha tropezado con el primer cadáver municipal debajo de las alfombras: el compromiso de organizar este mes de julio una prueba de baloncesto 3x3 y de convertir a Tarragona en el centro de tecnifcación de esta nueva especialidad del deporte de la canasta que debutó en los Juegos Mediterráneos y que lo hará de manera oficial en los Juegos de Tokio 2020. El acuerdo firmado por el anterior alcalde con la Federación Española de Baloncesto implicaba la aportación por parte del Ayuntamiento de 64.900 euros anuales hasta 2021, lo que significa un total de 194.700 euros, además de la cesión de espacios públicos para las exhibiciones deportivas. Según una nota que hizo pública ayer el Ayuntamiento no existe ninguna consignación para hacer frente a este compromiso económico y, cortando por lo sano, ha resuelto el acuerdo con la FEB. Evidentemente no son maneras. El compromiso institucional del Ayuntamiento de Tarragona está por encima del color del gobierno municipal de turno. Es más que creíble que el anterior consistorio firmara el compromiso con la Federación sin tener prevista la forma de financiación, un proceder muy habitual durante el último mandato de Ballesteros, máximo experto en acumular compromisos que nadie sabía luego cómo pagar. Pese a ello, el equipo de Ricomà viene en la obligación de asumir la responsabilidad que su antecesor dejó colgada. Por demás, la Federación se ha brindado a aplazar el abono de las cantidades comprometidas. No estamos hablando de ninguna cifra que el Ayuntamiento de Tarragona no pueda habilitar con todos los pronunciamientos legales a un año vista. Debemos sumar a la responsabilidad institucional, el beneficio de una iniciativa que aportará sentido a los criticados Juegos Mediterráneos. Y finalmente, de haber tenido suficiente visión política para asumir el primer marrón del legado Ballesteros, se hubiera evitado dar carnaza a los que están al acecho para criticar el «sectarismo» de los independentistas.

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