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Robotización y (des)empleo

Las nuevas tecnologías y la globalización engendran temores pero no hay fundamento para presagiar una catástrofe laboral

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La automatización empezó de hecho con la primera revolución industrial en la segunda mitad del siglo XVIII, y ya entonces cundió el temor de que aquellos avances tecnológicos provocaran un desempleo estructural y crónico que condenara a la ociosidad forzosa a buena parte de la población. Ahora, cuando nos encontramos en la cuarta revolución industrial, las nuevas tecnologías y la globalización están engendrando temores semejantes. Amazon utiliza sofisticados robots en la gestión de sus almacenes y anunció hace poco el lanzamiento de su tienda Amazon Go, ya sin personal alguno pues los cajeros han sido sustituidos por un conjunto de cámaras y sensores. En la zona de la Bahía de San Francisco numerosos conductores profesionales han perdido su empleo por el fuerte arraigo de Uber o Lyft como principal alternativa de transporte. Pero las cosas no son afortunadamente tan sencillas. Amazon acaba de anunciar la contratación de unas cien mil personas en 18 meses para trabajos de logística y tecnología. Y Uber ha dado ya trabajo a más de 20.000 personas, más que los conductores que perdieron su empleo a su llegada. En definitiva, los Estados deben prepararse para proporcionar una renta básica a quienes no consigan un empleo en el futuro, pero no hay fundamento todavía para la alarma ni para presagiar una catástrofe laboral, que puede no producirse si la nueva tecnología consigue impulsar suficientemente la actividad.

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