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Rodrigo Rato, una vergüenza para España

Rato era un hombre con \'oficio\', pero no tuvo los mimbres para aguantar cuatro años en el puesto
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Rato ha ocupado de nuevo las portadas de la prensa internacional, pero esta vez por pesar sobre él la acusación de ser un gran estafador del erario público. La noche del jueves y la mañana del jueves al viernes, la Agencia Tributaria, organismo independiente del Estado, llevo a cabo un registro minucioso en el domicilio y el despacho del que fue Ministro de Hacienda, Vicepresidente del Gobierno en la era Aznar y Director Gerente del Fondo Monetario Internacional, cuyo mandato no terminó porque estaba más interesado en sus negocios y frivolidades de Madrid.

Rodrigo Rato tuvo una carrera fulminante en la política del Partido Popular de la mano de José María Aznar (curiosamente Aznar es Inspector de Hacienda). Rato procede de una familia adinerada y le tocó el gusanillo de la política. Aznar confió en él para dirigir los asuntos económicos de España y, dada su habilidad dialéctica y su frío temperamento, le nombró antes portavoz del PP en el Congreso, cargo que cubrió con diligencia, lo mismo que como Ministro de Economía.

A partir de ahí, los cargos de Vicepresidente Económico en adelante torcieron la vida de Rato. De ser un portavoz y un Ministro de Economía excelente, se postuló en la sucesión de José María Aznar, siendo uno de los cuatro grandes pilares de expresidente del gobierno: Rato, Rajoy, Álvarez Cascos y Mayor Oreja. El elegido finalmente fue Rajoy. Rodrigo Rato, gracias a los buenos oficios de José María Aznar con sus amigos de los Estados Unidos, fue elegido Director Gerente del Fondo Monetario Internacional.

Rato era un hombre con ‘oficio’, pero no tuvo los mimbres para aguantar cuatro años en el puesto. Dimitió ante las protestas del PSOE, entonces ya en el Gobierno de España, porque el país perdía un hombre clave en un lugar clave. La decadencia de Rodrigo Rato fue imparable. A Rato le sustituyó, en el Fondo Monetario Internacional, un hombre con peores mimbres éticos que él, el socialista Strauss-Kahn, procesado después por su delirios sexuales, en Nueva York y en Francia. También tuvo que dimitir el político fracés que hoy podría ser el presidente de Francia en lugar de François Hollande. Su sucesora, Christine Lagarde, ha tenido también problemas con la justicia francesa por favoritismos económicos, aunque no se la llegó a procesar. ¡Cómo está el mundo!

Para España, la detención y las acusaciones contra Rodrigo Rato pesan como una losa, porque ha sido la figura que internacionalmente ha llegado más arriba. Las portadas de los diarios de información general y los económicos (desde The New York Times hasta The Wall Street Journal y el Financial Times, entre otros) se limitan a informar de lo que ha ocurrido, pero sin duda para España hoy Rato es una vergüenza. Ciertamente que no se ha celebrado un juicio con sentencia condenatoria contra este político del PP, pero la condena moral de la opinión pública es total.

Según las informaciones que iban saliendo de Rodrigo Rato desde que estuvo en Bankia, se puede decir que Rodrigo Rato –también consejero áulico del Banco de Santander—no le ha salido nada recto. En Bankia desde las tarjetas de crédito “negras” hasta las preferentes, ha cambiado la imagen de Rato como hombre eficiente y buen gobernante, a un zafio administrador de prebendas y de ruinosos “activos financieros”. El otro día, aún sin saberse la detención del jueves, le hicieron un «escrache» en el avión en que subió.

Me recuerda en estos momentos al marqués de Esquilache, Ministro de Hacienda italiano y valido de Carlos III, contra quien el pueblo español protagonizó un motín –el famoso Motín de Esquilache-- en 1766 porque el pueblo y la corte veían en él que solo sabía subir precios de productos fundamentales como el pan, y también subir impuestos. Carlos III lo sustituyó a pesar suyo.

Hoy, Rodrigo Rato, acusado de blanqueo de capitales, alzamiento de bienes y fraude fiscal, ha caído en una fosa complicada para salirse. Los dirigentes del PP dicen que estos delitos los ha cometido en la gestión de su patrimonio, de su fortuna, pero no en el desempeño de sus responsabilidades políticas.

No sabemos si esta actuación dañará o no al actual ministro de Economía, Luis de Guindos, ya propuesto y casi aceptado como futuro presidente del Eurogrupo (o sea de los ministros de economía de los países de la Unión Europea que tienen como moneda el euro). Sería una lástima. Rato, tan buen ministro que fue y tan mal ciudadano: una vergüenza para España.

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