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Roma no paga a traidores

Con la hoja de servicios de los Borbones, tendría coña que la historia de la concubina que se va de la lengua fuera el motivo para derrocarlos. A Villarejo y aCorinna no 
se les puede recompensar

JUAN BALLESTER

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Estos días estamos asistiendo al escarnio del Rey Emérito Juan Carlos I como consecuencia del dedo acusador de la Princesa alemana Corinna zu Sayn-Wittgenstein quien le atribuye graves comportamientos en el terreno íntimo y económico que están poniendo en jaque a la Corona de Felipe VI. Y les planteo si estamos ante una traición de libro (Miguel Catalán, La Traición, Verbum, 2020), de esas que deberían revolver el estómago del espectador en el patio de butacas.

Hay ingratitudes que no alcanzan ese grado o calibre superior del más nauseabundo de los comportamientos humanos en el cual el amor y la bondad se retribuyen con odio y maldad. En la infidelidad conyugal no hubo traición a la Reina Sofía de Grecia y Dinamarca, solo deslealtad. Tampoco cabe la verdadera traición en política, el deporte o los negocios. No la cometió Pilatos lavándose las manos ni Pedro negando tres veces a Jesús para salvar su pellejo.

Para averiguar si Corinna ha cometido traición en grado sumo, vamos por pasos, se cumple la primera condición consistente en haber mantenido una relación sincera en términos de igualdad en amor o afecto que haya superado una larga barrera de tiempo. Juan Carlos I convivió con ella y su hijo menor en los Alpes suizos entre 2009-2012 e, incluso, planteó a la familia real española divorciarse para contraer matrimonio.

La segunda también, cuando le abre la puerta al comisario Villarejo en 2015 y enchufan la grabadora. Entre injurias y calumnias, se burlan incluso de la senectud y la invalidez del Rey. Hasta aquí estamos ante un caso de salón, pues consiste en revelar a una instancia exterior (no hace falta un espía, puede ser tu cuñada) intimidades de cuando existió la confianza suficiente.

Otro elemento esencial es el deseo del traidor de causar el mayor daño posible razón por la que busca el momento de mayor indefensión del traicionado y a Corinna debió excitarle ver al Rey en televisión, con las muletas, pidiendo perdón por lo del elefante de Botswana poco antes de abdicar. Y otra, la sorpresa inesperada, el beso de Judas. Dalila corta la melena de Sansón mientras duerme o Francisco Umbral espera la muerte de Camilo José Cela para deshonrar su memoria. Julio César recibe la primera puñalada de los senadores, gime y se defiende, hasta que aparece Bruto, su hijo adoptivo, que cree que ha venido a salvarle.

Estamos asistiendo al escarnio del Rey Emérito y les planteo si estamos ante una traición de libro, de esas que deberían revolver el estómago del espectador

Si el precio pagado por el traicionado es elevado, a Juan Carlos I lo están haciendo papilla, el que debe abonar el traidor, es aún más oneroso. La Divina Comedia converge con La Biblia en que a los traidores no hace falta matarlos ya que mueren espiritualmente en vida en el mismo instante que clavan la daga en la espalda de quien los quiere. Bruto murió con el mismo hierro que asesinó y Judas cayó de bruces en el terreno adquirido con el precio de su traición. También coinciden en que el diablo ocupa el lugar liberado por el alma para que nadie los eche de menos.

Afirma el filósofo valenciano que un detonante incita en el futuro traidor un sentimiento de inferioridad respecto a su bienhechor, que es lo que le pasó a Umbral cuando Cela recibió el premio Nobel. Puede haber sido tu benefactor, el corazón del traidor se cierra al agradecimiento, se siente más pobre cuanto más recibe, hay favores que matan y busca una excusa de mal pagador para negarse a cancelar su deuda moral.

Para que la traición genuina se perfeccione, según Catalán, el traidor debe actuar movido por un odio ciego, emocional, no calculado. Y es aquí donde sorprende el comportamiento cerebral de Corinna quien primero reconoció que era su testaferro y hace poco declaró ante un fiscal suizo que los bienes y el numerario a su nombre eran en realidad una donación irrevocable por la que está muy agradecida. Para recuperar su amor, según la Princesa, el Rey le transfirió 64,8 millones de euros en monedas de oro del que cagó el moro con su efigie en la cruz y la cara de sorpresa que se le quedó a Julio César. Ni siquiera quienes vislumbran en el horizonte la III República deberían permitir que esta efeméride pasara a formar parte, como un hito, de los libros de Historia de España. Es justo que los sienten en el banquillo si han delinquido, pero con la hoja de servicios de los Borbones, tendría coña que la historia de la concubina que se va de la lengua fuera el motivo para derrocarlos. A Villarejo y a Corinna no se les puede recompensar; Roma no paga a traidores.

Hay sin embargo una visión alternativa en la que se afirma que Jesús y Judas ascendieron a una nube de luz y en pleno resplandor espiritual pactaron que este le traicionara para conseguir la salvación cósmica. Dios sabe que sin demonios no habría ángeles ni merecería la pena vivir si no buscáramos ciegamente la confianza en las relaciones humanas. El Evangelio de Judas escrito en copto en el siglo II anuncia la llegada de un tiempo en el que el espíritu de Judas prevalecerá y en verdad os digo que ha llegado el momento en que te anticipan las treinta monedas de plata. Lo que se tambalea no es la Monarquía, sino nuestro mundo.

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