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Rumbo de colisión

El juicio de Artur Mas por el 9-N supondrá el primer episodio del choque de trenes, una situación que no conduce a nada.

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Poco han durado los efectos de la denominada Operación Diálogo que emprendió el Gobierno central enviando a Catalunya nada menos que a la vicepresidenta Soraya Saenz de Santamaría, su máximo valor. Sin embargo, lejos que apreciarse ningún avance ni acercamiento de posturas en busca de una solución negociada con Catalunya, los acontecimientos se están precipitando de forma vertiginosa hacia el temido choque de trenes. En vísperas del juicio al president Mas y a las ex conselleras Ortega y Rigau por la organización del 9N, hemos asistido a un nuevo y espectacular despliegue de la Guardia Civil en busca de nuevas pruebas inculpatorias en el caso del 3%. Vamos a creer que la Justicia actúa de forma independiente y que la coincidencia de actuaciones ha sido exclusivamente debida al azar. Aún siendo así -que cuesta creer- lo más evidente es que la actuación policial se efectúa con ánimo de aplicar al máximo la denominada ‘pena de telediario’. Sólo un dato: el presidente del puerto de Barcelona, Sixte Cambra, se enteró por los digitales de que estaba detenido cuando todavía no había llegado ningún guardia civil a su despacho. Para completar el embrollo, Arur Mas apela a la movilización de las masas para hacer frente al Estado. Los convergentes calculan que el ex President estará arropado por 30.000 personas el lunes durante el juicio. Más allá del apoyo moral que supondrá, tampoco la calle aportará ninguna solución.

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