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Rusia y Europa, un año después

Putin ha violado el derecho internacional y auspiciado una guerra abierta en el este de Ucrania. Sus acciones no pueden salir gratis
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Se cumple un año de la huida a Rusia del entonces presidente de Ucrania, Víktor Yanukóvich, y la llegada al poder de la antigua oposición europeísta. Lo que para Kiev fue el resultado de una revolución popular y para Moscú un golpe de Estado contra un presidente democráticamente elegido, ha desembocado en una guerra abierta en las regiones prorrusas del este del país. El conflicto está promovido por el presidente ruso Vladímir Putin, embarcado en una operación de recuperación del orgullo nacional, un ingrediente esencial para el control férreo que ejerce sobre la economía y la política. El nacionalismo ruso de nuestros días busca sus raíces más allá del sistema comunista, pero incorpora algunos elementos de cohesión de esa larga etapa. El problema para Europa es que Rusia no encuentra su sitio en la relación con Occidente, se siente aislada y su debilidad estructural (económica, demográfica, geopolítica con la pérdida de aliados tradicionales, entre ellos algunos de sus vecinos) no se apuntala solo con los beneficios del petróleo y del gas o con la amenaza de su poderío militar. Tras la ocupación de Crimea y la exportación de la guerra al este de Ucrania, el régimen de Putin debe ser sancionado y contenido. Sus acciones son una violación del derecho internacional y no pueden quedar impunes ni salir gratis. Pero es necesario entender las complejidades de Rusia y contribuir a ofrecer un futuro al país más allá del populismo y la corrupción.

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