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Sacudida en la izquierda europea

El cambio del laborismo introduce nuevas incógnitas y divisiones más arduas en la desorientada izquierda socialdemócrata

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Cuando Syriza se ha plegado a los dictados de la ortodoxia neoliberal europea, provocando incluso la escisión interna de la minoría radical, y cuando Podemos ha rechazado explícitamente la etiqueta izquierdista y busca una ubicación transversal y centrista, lo que parecía dejar el camino expedito a la socialdemocracia templada en la Unión Europea, la izquierda británica ha dado la campanada y, tras su grave derrota en las elecciones generales de mayo, ha puesto al frente del Labour a Jeremy Corbyn, el representante más genuino de la extrema izquierda del partido, reconocidamente marxista y uno de cuyos datos más relevantes del curriculum es haberse saltado más de 500 veces la disciplina de su partido desde que accedió a su escaño de diputado por Islington, un barrio del norte de Londres, en 1983. Fue también uno de los líderes del movimiento contra la guerra de Irak que patrocinó Blair con tanto ardor. Su ideario es indudablemente atractivo aunque con demasiados rasgos utópicos. La suerte de Corbyn no sólo afecta a conservadores y laboristas en el Reino Unido sino a toda la izquierda europea, ya que, cuando parecía haber calado la idea de que la socialdemocracia debe formar en la UE un bloque homogéneo, capaz de asumir una posición común en el cada vez más influyente Parlamento Europeo, el cambio del laborismo introduce nuevas incógnitas y divisiones más arduas en la desorientada izquierda socialdemócrata.

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