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Saloufest versus turismo suizo

Hay un revuelo en Suiza porque un empresario quiere levantar un hotel de 380 metros de altura
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Mientras en las comarcas de Tarragona los empresarios hoteleros propician el denominado Saloufest, con turistas que se emborrachan, orinan en las plazas y calles y destrozan estadios deportivos, al tiempo que aquéllos se lamentan por las complicadas situaciones derivadas de la crisis y la depreciación del rublo, es bueno analizar la complejidad por la que discurre el turismo helvético, actualmente inquieto y considerado, tradicionalmente y desde siempre, como la élite, no solo europea sino también mundial, en la materia.

Y es que existe actualmente un importante revuelo en los Alpes suizos ante los insistentes deseos de un empresario, Remo Stoffel, que quiere levantar una torre de 380 metros de altura en el corazón de Suiza, concretamente en el cantón de los Grisones. El proyecto arquitectónico acaba de ser presentado en Zurich, envuelto en una controvertida polémica dado que, de ser aprobado, modificaría sustancialmente los magníficos paisajes de las impresionantes montañas de la región de Surselva, en el idílico cantón de los Grisones.

El proyecto del joven empresario suizo Stoffel tiene por objeto la modernización de las antiguas termas de Vals, construidas en el año 1960 y adquiridas por él en 2012, con una torre de casi cuatrocientos metros de altura, superando con creces la del inmueble londinense Shard que, con 310 metros de altura, ostenta actualmente el título de edificio más alto de Europa.

La torre presentada por Stoffel estaría destinada a albergar un complejo hotelero de lujo, destinado principalmente a la clientela asiática y de Oriente Próximo, con un centenar de suites, cuyos precios oscilarían entre 1.000 y 25.000 francos suizos por noche. Si el proyecto fuera aprobado por las autoridades helvéticas, la ejecución de este megaproyecto sería confiada a Thom Mayne, un arquitecto norteamericano galardonado con el premio Pritzker, considerado el Nobel de los arquitectos, que ya ha desarrollado importantes proyectos durante los últimos años, principalmente en Estados Unidos.

La prensa suiza ha iniciado, insistentemente, una extraordinaria y dura polémica al respecto, publicando imágenes del proyecto, representando a un edificio formado por una imponente superposición de desastrosos bloques monolíticos que, según el empresario, no se corresponden con la realidad de su proyecto. Remo Stoffel ha declarado: «Mi proyecto será un edificio mucho más bonito y ligero, con una estructura que permitirá que las nubes se reflejen en su superficie, dejando ver solamente al hombre y la naturaleza».

En mi opinión, conociendo bien la mentalidad del suizo, por mucho que se reflejen las nubes en el edificio y por muy lujosas que sean las suites, el proyecto no saldrá adelante por el gran conservadurismo helvético y el gran amor a la naturaleza, para muchos, el único bien importante que posee la Confederación Helvética.

Para que el proyecto se haga realidad, habría que adaptar la reglamentación urbanística de la zona de Vals y obtener también la aprobación de la municipalidad y de las autoridades federales, ya que la construcción de este ostentoso edificio tendría consecuencias irreversibles en el medio ambiente de la zona. El coste del proyecto está evaluado en una cifra que superaría los doscientos millones de francos suizos.

Pero, por encima de todo, el hotelero helvético de toda la vida, el del tradicional chalet de madera, y de empresa familiar, no parece en absoluto de acuerdo con tal megalomanía y se está posicionando a la contra, en la extraordinaria y controvertida polémica surgida, en relación con este sorprendente proyecto. Ante tal situación, no parece pues, en principio, nada fácil que las autoridades helvéticas accedan a tan singular proyecto, por muy novedosa, grandilocuente y espectacular arquitectura de diseño que el mismo comporte.

A la vista de todo lo que antecede cabe sacar, por consiguiente, la conclusión de que los hoteleros suizos de toda la vida son muy distintos a los de aquí que, sin duda alguna, estarían totalmente de acuerdo con megaproyectos arquitectónicos de tal naturaleza. Y hay que destacar, lamentablemente, que en el Saloufest se pagan 350 euros por cinco días todo incluido.

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