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Opinion EDITORIAL

Salvador y Teresa vuelven a casa

El robo de los gegants de El Vendrell ha suscitado una sorprendente manifestación de sentimiento popular

Diari de Tarragona

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Salvador y Teresa volverán a danzar en El Vendrell

Salvador y Teresa volverán a danzar en El Vendrell

El Vendrell se desayunó ayer con la buena noticia de la recuperación de sus gegants més queridos, el Salvador y la Teresa. Como un capricho del destino fue un geganter de Borriana quien localizó el remolque en una cuneta de la carretera que une Nules y Moncofar, en la provincia de Castellón, y dio aviso a la Guardia Civil que se encargó de custodiar los apreciados personajes e iniciar los trámites judiciales para esclarecer la autoría del robo. De la primera observación no parece que los gegants haya sufrido ningún daño y está previsto que mañana regresen a El Vendrell. De la alegría que ha provocado la recuperación de la popular pareja habla el hecho de que ya se prepara un gran recibimiento el domingo. El suceso ha alentado un curioso fenómeno de estima hacia los símbolos de cultura popular. Muchas personas que conocían con indiferencia la existencias de los dos gegants se han sentido profundamente heridos en sus sentimientos al conocer su desaparición. Incluso personas totalmente ajenas a este tipo de manifestaciones festivas se han sentido también interpeladas por el hecho delictivo. No estamos hablando de ningún valor material ni de un tesoro colectivo que pueda pujar en los mercados. El Vendrell se ha sentido herido en su alma de comunidad. Fue precisamente este alma la que impulsó ahora hará 90 años la construcción del Salvador y la Teresa mediante una suscripción popular.
Ahora se ha conseguido lo más importante que era recuperar los gegants íntegros, pero los vendrellenses quieren saber quienes son los culpables de los malos días que han tenido que pasar a causa de esta acción incívica. El móvil de la fechoría sigue siendo una incógnita. No tiene lógica alguna la posibilidad de que los autores intentaran vender el remolque y mucho menos su contenido. Si se trataba de una gamberrada de mal gusto, sorprenden los esfuerzos dedicados a la sustracción y el recorrido posterior de más de más de 240 kilómetros que realizaron hasta abandonar el botín en una cuneta. Son incógnitas que requieren aclaración.

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