Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Más de Opinion

Salvar el planeta con pequeños gestos. Consumir con responsabilidad, imperativo individual

La basura no desaparece. Dejamos de verla porque se la llevan pero va a parar a otro lado. Así está creado el modelo consumista contra el que podemos revelarnos.
 

Gustau Alegret

Whatsapp
griselda.jpg

griselda.jpg

Nueva advertencia de la comunidad científica a nosotros, los humanos, por nuestro modelo de vida consumista. Un grupo de expertos de la ONU sobre biodiversidad acaban de presentar un informe que nos describe como «explotadores y contaminantes» de la naturaleza como nunca antes en la historia.

La conclusión surge de un proyecto de estudio de 1.800 páginas al que tuvo acceso la agencia AFP al cierre de una reunión a principios de mes en París de la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES).

El informe describe ecosistemas devastados, agua contaminada, aire viciado y cientos de miles de especies amenazadas de extinción. «Hoy en día el 75 por ciento del medio ambiente terrestre, el 40 por ciento del medio ambiente marino y 50 por ciento de los cursos de agua presentan signos importantes de degradación», según el informe, que concluye diciendo que «gran parte de la naturaleza ya está perdida, y lo que queda continúa en declive».

El proceso de degradación es tan alarmante que ya no es un problema futuro sino de presente, y está en nuestras manos, en gran medida, forzar el cambio con cosas sencillas, pequeñas.

Comprometernos

Hagan este ejercicio: vayan al pasillo de productos de limpieza de su supermercado habitual y pónganse en uno de los extremos. Allí, imagínense cogiendo cada una de esas botellas de jabones, lejías, limpiasuelos, etcétera, y vaciándolas en un lago, un río o frente a la playa que nos gusta. Pues eso es lo que acaba pasando, aunque no lo veamos. Con ese supermercado y con todos los productos de los otros que conocemos y no conocemos de todo el mundo. La próxima vez que pongamos una lavadora o freguemos el suelo, ¿no podríamos poner un poquito menos de jabón o lejía?

La alerta de la comunidad científica no puede caer en saco roto. Existe el peligro de tomar sus informes como algo habitual

Piense en lo mismo pero con el aceite de los fritos que utilizamos para cocinar. ¿No podemos tener un recipiente en casa donde volquemos ese aceite desechable para llevar a una planta donde lo reciclen? (si llama a su ayuntamiento, le dirán cómo).
Cuando pidamos un refresco ¿podemos prescindir de la pajita? Cuando compremos en el supermercado ¿podemos llevar nuestra propia bolsa de la compra? Y en la sección de frutería, ¿necesitamos una bolsa de plástico, de esas que son verdes, pequeñas y semitransparentes, para cada tipo de fruta o verdura que compremos?
Al consumir agua mineral ¿podemos pedir que la botella sea de cristal y no de plástico? 

La ropa que tenemos, ¿podemos utilizarla todavía una temporada más?

Nuestro teléfono inteligente, ¿podemos esperar dos generaciones a cambiarlo?
Las pilas del mando a distancia o la radio del baño… en lugar de tirarlas a la basura, ¿podemos llevarlas para reciclaje? (igual con las medicinas caducadas; nos las reciben en muchas farmacias para ser destruidas sin impactar al medioambiente).
Y un último ejemplo que descubrí hace poco y del que no era consciente: la crema protectora solar. ¿Saben lo contaminante que es para nuestros mares o ríos que nos bañemos con esas cremas? Cada persona, durante cada verano... ¿Y si dedicamos un minuto, antes de comprarla, para saber cuál de ellas es biodegradable y más ecológica?

No desaparece

La basura, el deshecho que nosotros generamos, no desaparece. Dejamos de verlo porque se lo llevan o su rastro no está en nuestras vidas, pero va a parar a otro lado, otro lugar que no vemos pero que sí sufre el impacto de nuestro comportamiento, de nuestra decisión. Es el modelo consumista en el que vivimos y contra el que podemos revelarnos con pequeños gestos como esos. 

La alerta de la comunidad científica no puede caer en saco roto. Existe el peligro de tomar estos informes como algo habitual (desde que se conoció el del IPBES han aparecido al menos dos más con las mismas alarmantes conclusiones). Precisamente por ser tan reiterativo el mensaje, es ya un imperativo individual consumir con responsabilidad, con respeto al medio ambiente y con conciencia ecológica. Está en nuestras manos pasar del lamento a la acción. Cada gesto, suma.

Periodista. Director de noticias en Estados Unidos de NTN24.
 

Temas

Comentarios

Lea También