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San Giacomo e chiude l’Italia el aquarius, ilegalidades y despropósitos

El gesto del gobierno de España, encomiable, pero un gesto. Europa no puede presentarse como contrapoder a Trump y aplicar políticas migratorias tan o más represivas que las del hombre del bisoñé.

Lali Cambra

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Valencia. Llegarán el sábado. Transportados también por dos barcos de la misma bandera del país cuyo gobierno ha optado por un Santiago y Cierra España (San Giacomo e chiude l’Italia, pues). De hecho, alguno de los buques que acompañan al Aquarius (barco de SOS Mediterranée con un equipo de Médicos Sin Fronteras) participó en el rescate de los 629 náufragos y los llevó al barco de las ONG.

Despropósitos: Roma coordina el rescate, barcos italianos participan, Roma le dice al Aquarius que le van a transferir los náufragos y es Roma quien luego dice lo de San Giacomo y para Malta. Malta mira a otro lado (¿a Bruselas, tal vez?): es una isla, las condiciones para los refugiados y para la isla, pequeña y de la que es difícil salir, no son adecuadas. 

Ilegalidades y despropósitos. Venían ya las ONG denunciando las presiones de Italia: «taxis del Mediterráneo», «pseudo traficantes», etc. No fueron pocas las que tuvieron que rendir cuentas ante la fiscalía, que las acusaba de connivencia con los traficantes de hombres. El barco de Proactiva Open Arms, inmovilizado en el puerto de Pozzallo más de un mes por orden judicial. 

El gesto del gobierno de España es encomiable, pero no deja de ser un gesto por el momento. Pues, ¿qué espera a los que no tienen otra que hacerse al mar para salir de una Libia donde los esclavizan, torturan y violan?

«Es un problema complejo», se dice. Y aun así, no hemos asistido a un debate político en el que se analice de forma empírica las causas, los procesos y las soluciones al «problema de la inmigración» y cómo conjugarlo con el respeto a las leyes internacionales, derechos humanos y tratados firmados por esta Europa nuestra, esta Europa tuya. 

Si la llegada del Aquarius inicia este debate, bienvenido. Pero si se queda ahí, con 629 personas repartidas por la geografía española (de la que saldrán seguramente hacia un norte con más trabajo) entonces sólo podemos esperar el siguiente gran escándalo (¿cuántas más muertes?) y seguiremos externalizando sufrimiento en las vallas de Ceuta y Melilla, en el Estrecho, en el fondo del mar que es un matarile-rile-rile, en los mercados de esclavos de Libia.

Italia, sola

Es necesario que este debate sea acometido con responsabilidad y sin demagogia y que se reconozca que se ha dejado sola a Italia en primera línea de recepción de migrantes y refugiados. Europa no puede por un lado presentarse como contrapoder a Trump y por otro aplicar políticas migratorias tan o más represivas que las del hombre del bisoñé (e inhumanas y contrarias a cualquier tratado internacional firmado). Y hay que enfrentarse a los que pretenden cerrar una Italia que ha sabido mostrar también qué es la generosidad al acoger a los recién llegados.

No me ha tocado seguir al Aquarius. Pero sí seguí otros años las operaciones de MSF cuando se hizo anfibia. Recuerdo los vídeos sin editar, la cara desencajada de terror de un hombre asido a un salvavidas, un muerto flotando a su lado. Recuerdo a otro hombre, palestino huido de Siria, cuya familia sobrevivió a un naufragio.

Recuerdo más a su niña de tres años, en el regazo de la madre, la niña aturdida por lo vivido pero más aturdida por los besos incesantes de la madre desatada, supermadre. Los lloros de las mujeres, que suben las primeras a bordo con los menores en los rescates. Los niños que juegan con guantes de látex hinchados a falta de globos.

Adquirí conocimientos que no se olvidan, de cómo se quema la piel cuando la gasolina del motor de la patera se mezcla con agua salada, de cómo muere uno de asfixia y opresión en una balsa hinchable cargada más allá de los topes. 

Y lo inconcebible que es pensar que puede seguir pasando, más allá de gestos. 

 

Periodista. Trabaja en Metges Sense Fronteres, donde cubre diversos países de África y Sudamérica. Antes hizo de corresponsal para medios estatales en Sudáfrica. Comenzó de periodista en Tarragona.

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