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Sánchez, semipresidente

Sorprende, y no para bien, que de la remodelación ha salido intacto el bloque de ministerios –casi todos ellos de segunda línea– ocupados por miembros de Unidas Podemos

DIEGO CARCEDO

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DIEGO CARCEDO

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La reforma de tres cuartos del Gobierno anunciada el sábado por Pedro Sánchez fue valorada por una buena parte de la opinión pública mejor de lo que se esperaba. Los descartes de algunos ministros eran pronosticados desde hacía tiempo y la incorporación de nuevas caras, a pesar de ser bastante desconocidas, han dado al Ejecutivo una imagen renovada que no puedo por menos tener esperanzas en la mejora de la gestión. No es fácil lo que espera al nuevo Gobierno tras el paréntesis de las vacaciones.

Los problemas que tuvo que enfrentar el viejo continúan sobre la mesa y, lo que es peor, sobre una sociedad que todavía no se ha librado, más bien al contrario, de los traumas y problemas heredados de la pandemia.

Sin olvidar que la pandemia continúa ahí, como los camaleones, cambiando de color de un día para otro, y amenazando especialmente a los jóvenes.

El propio Gobierno se ha autoapellidado de recuperación. Es justo el reto que le espera, empezando por el correcto reparto y utilización de las ayudas europeas. Todavía sobre los rescoldos de la crisis de la Covid-19 tiene necesariamente que comenzar una nueva etapa que necesitará acierto y eficacia en la Administración pública. Mientras el conflicto catalán siga amenazando la estabilidad política, todo se volverá más complicado. Acertar al enfocarlo, algo hasta ahora muy polémico, será crucial para su éxito o fracaso.

Sorprende, y no para bien, que de la remodelación ha salido intacto el bloque de ministerios –bien es verdad que casi todos ellos de segunda línea– ocupados por miembros de Unidas Podemos. Se trata precisamente de varios de los titulares más criticados hasta ahora y algunos de los más desconocidos salvo a la hora de cobrar su sueldo y disfrutar de las prebendas del poder. 

Sánchez sale así de la crisis que provocó con la imagen de ‘semipresidente’. Consta que su voluntad era otra, reducir o fusionar algunas carteras e igual que con los ministros socialistas, renovar algunos titulares. Parece que fue una dura batalla con Yolanda Díaz, que salió en defensa de la coalición que lidera y de sus muchos puntos frágiles.

Unas quieren mantener en el Gobierno a sus representantes y el resto que se les sustituya por los suyos. Emprender esta iniciativa sería despertar un guirigay que no lo resistiría el endeble entramado que les une. Sánchez, que sale fortalecido del cambio, queda en entredicho al comprobarse que no controla una parte del Gobierno que encabeza, empezando por la elección de los ministros y terminando por el juicio que le merece su eficacia, que se le escapa.

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