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¿Se abre una ventana de oportunidad para el acuerdo?

Sin amenazas. Hay que ponerle cabeza fría al momento y buscar formas de acercar posiciones. Y hay que hacerlo sin ultimátums ni chantajes o peticiones que rebasan las atribuciones democráticas del gobierno actual

Javier Pons

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El pasado lunes cené en Barcelona con un amigo que en su día ocupó un cargo importante en el audiovisual catalán. De una calidad humana enorme y de los más inteligentes profesionales que he conocido en mi carrera, aproveché su capacidad de análisis para abordar el incierto futuro que afronta Catalunya.

Dediqué dos horas y media sobre todo a escucharle para entender mejor desde mi posición geográfica central, que no sentimental, qué ha pasado desde el punto de vista de un independentista moderado.

Me explicaba básicamente que el fenómeno independentista surge del cambio de rumbo que Convergencia da en el 2012 tras estrellarse con el muro del gobierno español que no quiso atender ninguna de las reclamaciones (muchas legítimas seguramente) que se le plantearon tras el frenazo del Constitucional al Estatut.

Ese cambio de rumbo hizo que el catalanismo, un movimiento  generalmente moderado y pragmático que había pactado de todo tras la transición, se fuera mutando al independentismo.Este proceso conectó con los sentimientos de muchos catalanes que estaban hartos de no ser escuchados.

Les estoy contando algo que todos ustedes lectores del Diari ya conocen (lo compartan o no) pero que en Madrid se desconoce o no se quiere conocer ni entender.

Mi interlocutor que se desconectó con España por esas razones hace tiempo, estaba sin embargo profundamente disgustado y desencantado con este Govern justo en la semana en la que los dos partidos que lideran el movimiento en el Parlament (que no en la calle donde reinan Òmnium y sobre todo la ANC) han acabado por mostrar la profunda distancia que les separa dejando al independentismo en minoría parlamentaria por primera vez.

Su desencanto viene motivado por dos factores. El primero, la incapacidad para asumir la realidad: Catalunya, un año después del primero de octubre no es independiente y menos una república. El segundo, la ceguera de intentar mantener la fantasía de que se tiene un mandato que más de la mitad del país no comparte.

Ahora que se abre un incierto periodo en el que tendremos que esperar a ver si se confirma el viaje al pragmatismo que ha iniciado ERC con base en Lledoners y si Puigdemont (que es quien manda) sigue en su obstinación de llevar a Catalunya hasta el abismo sin respetar los derechos ni intenciones de más de la mitad de los catalanes.

El diálogo, única vía

En ese contexto; desde Madrid, se ha abierto una oportunidad para intentar enfocar el problema. Por primera vez desde hace seis años hay un gobierno que pese a su debilidad está dando constantes muestras de voluntad de diálogo que -no nos engañemos- es la única vía para salir de esta situación.

Creo que ERC es consciente de esta opción y eso justifica sus últimos movimientos pero convendría que las fuerzas que acompañan al govern en el Procés (Òmnium, ANC y un nutrido círculo de empresarios catalanes que creen que les iría bien independizarse del Estado) no forzarán la máquina en dirección contraria.

Si eso sucede ¿que creen que van a conseguir de la derecha española (única alternativa al gobierno de Sanchez) que se ha distinguido por ser una de las dos partes responsables políticas de esta situación?

Casado y Rovira ya están apuntando que se deberían ilegalizar los partidos independentistas apuntalando la idea de que la situación es similar a la que propició la ilegalización de Herri Batasuna en el País Vasco en marzo de 2003.

No comparable al País Vasco

Comparto la opinión de que es una barbaridad comparar la situación de violencia sangrienta crónica que padecieron los ciudadanos por ETA durante décadas con el Procés. Pero que no se engañe nadie: la derecha española va a utilizar los derrapajes del sector independentista que gobierna, para establecer una estrategia que lleve a los ciudadanos de este país rogar porque les devuelvan la autonomía.

Por lo tanto hay que ponerle cabeza fría al momento y buscar las formas de acercar posiciones.Y hay que hacerlo sin amenazas ni chantajes y tampoco con peticiones que rebasan las atribuciones democráticas del gobierno actual. 

Pedir que se den instrucciones a los fiscales para que modifiquen su postura ante los juicios que se avecinan no es el mejor camino. En el pasado se ha utilizado y hasta manipulado la justicia (sólo hay que repasar actuaciones del constitucional) pero si no queremos subvertir el proceso se debería buscar un diálogo en el que se puedan plantear todas aquellas aspiraciones que la legalidad pueda acoger, que son muchas, y olvidarse de ensoñaciones que hasta que no se demuestra lo contrario sólo nos llevan al desastre.
 

Javier Pons inició su carrera en Radio Reus. Ha sido director de “El Terrat”, director de TVE y CEO de Prisa Radio. Actualmente dirige la productora Globomedia (Mediapro).

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