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Se acabó la legislatura

En los dos casos culturalmente cercanos de procesos secesionistas, Escocia y Quebec, se ha respetado siempre la ley
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El Parlament de Catalunya celebró ayer su última sesión de esta legislatura que nuevamente se ha cerrado de forma inacabada. Se inicia la cuenta atrás hacia el 27S, en espera de que Artur Mas convoque las elecciones pretendidamente plebiscitarias. En los últimos años se han abierto en Occidente varios procesos secesionistas. Dos de ellos nos son culturalmente muy cercanos, el de Escocia y el de Quebec. Y aunque como es evidente no son comparables entre sí ni con el catalán, ambos coinciden en un punto en común: se desarrollan por sus cauces legales, sin la menor concesión al griterío inorgánico, a la amenaza rupturista o a la violación de la legalidad. En el caso canadiense, además, ha decantado una densa y valiosa jurisprudencia que permite enmarcar estos procesos en la racionalidad política y jurídica, y en términos pueden ser fácilmente exportados porque se adaptan a la sustancia pluralista de nuestros modelos. Siempre cabe la posibilidad de cambiar las leyes fundamentales, de modificar cualquier aspecto del ordenamiento, dentro de la gran convención constitucional que es el punto de partida, el ‘contrato social’. El único requisito es atenerse a los procedimientos establecidos.No se puede debatir en democracia sobre un incumplimiento anunciado de la ley. El reto al Estado debe meditarse muy profundamente porque quien se irroga la potestad de saltarse la ley (el pacto social) rompe los fundamentos de la democracia.

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