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Se buscan legajos

Los legajos no están dotados de cualidades motrices que les permitan dar un garbeo
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Se ha perdido en la Audiencia Provincial de Madrid la causa sobre el borrado de los ordenadores de Luis Bárcenas por parte del PP y ese extravío es imposible no vincularlo a una sensación de chapuza judicial, de juzgados desbordados, de funcionarios rebasados y en precario.

Tenemos la imagen de juzgados donde se apilan toneladas de papel, sumarios hacinados sin aparente orden, cuartos de baño en los que se amontonan pruebas heterogéneas, legajos esparramados por el suelo. Los propios funcionarios que trabajan en los juzgados han denunciado hasta la saciedad las demoras interminables, las precarias condiciones para poder hacer una justicia para el ciudadano que merezca tal nombre.

En ese clima se inserta la desaparición de tres paquetes de documentos, tres, papeles relevantes guardados como un legajo, atados con su cinta, que corresponden al único caso en el que el PP podía ser imputado como persona jurídica. El juez ha pedido al PP, desde 2013, los libros de visitas a la sede del PP en Madrid: no existían, no había constancia de quién entraba en la sede central de los populares, le dijeron en Génova. Pidió el juez la agenda de Bárcenas: con quien se reunía, en qué fechas, y la secretaria del tesorero dijo que no tenían agenda. Reclamó el juez en varias ocasiones al PP para que aportara la información contenida en los ordenadores del que fue su tesorero, Luis Bárcenas, después de semanas sin enviarla, se mandaron los viejos ordenadores con la información borrada. Dijo Floriano entonces que se había procedido al formateado de los ordenadores, aparatos con diez años de antigüedad, para integrarlos en la red del PP y que por eso habían desaparecido los archivos. Información relevante desaparecida.

Ahora, el sumario de ese borrado se ha extraviado. Algo alucinante, más increíble aún cuando se nos cuenta que los voluminosos papeles llevan ¡catorce meses fuera de control!.

La consecuencia inmediata de esta pérdida, tan tardíamente conocida, es que el caso se alarga aún más, quien sabe si hasta después de todas las elecciones previstas para este año, tan cargado de urnas. Pero el extravío sobre todo envía a los ciudadanos la imagen de la obstrucción a la justicia, de la imposibilidad de investigar, de turbiedad y no de transparencia.

No debería resultar muy complicado saber exactamente qué ha pasado con esos papeles; los legajos no están dotados de cualidades motrices que les permitan salir a dar un garbeo. Deberían decirnos ya dónde está el sumario si está, y dónde puede estar, si ha sido sustraído. Sería un caso práctico de ejercicio de justicia dentro de la propia justicia; mientras tanto, un pesado velo de escepticismo se cierne sobre la gente.

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