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Se rehace el bipartidismo

Si se confirmaran los resultados, habríamos vuelto al bipartidismo imperfecto
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La encuesta del CIS, que concuerda de manera sustancial con los principales sondeos privados que se realizan periódicamente, confirma que en las próximas elecciones del 24 de abril se producirá una fragmentación del voto sin precedentes desde la transición, el PP perderá gran parte de su poder territorial que era inmenso -nunca partido alguno acumuló tanto ascendiente como el PP en las autonómicas y municipales de 2011-, el PSOE detendrá su decadencia y quedará cerca del PP, y dos nuevas organizaciones a escala estatal, Podemos y Ciudadanos, adquirirán posiciones relevantes -ya veremos si también sólidas- en el mapa político.

Con todo, esta encuesta del CIS sugiere un cambio de fondo significativo con respecto a anteriores sondeos: PP y PSOE encabezan de nuevo el ranking, con una distancia notable con respecto a las dos nuevas formaciones, manteniendo conjuntamente el entorno aproximado del 50% de la intención de voto, en tanto Podemos, que había llegado a superar en enero al PSOE (con el 23,9% de los sufragios frente al 22,2% del PSOE) cae y se marginaliza, hasta ocupar con el 16,5% el lugar que tradicionalmente ocupaba Izquierda Unida (Anguita consiguió en 1996 el 10,6%), y Ciudadanos confirma su ascenso vertiginoso en los primeros meses del año (que no había sido percibido lógicamente por el CIS en enero) e irrumpe como un partido bisagra con un sustancioso 13,8%, que nunca había sido conseguido por las bisagras anteriores (el mejor resultado que obtuvo el CDS en unas generales fue del 9,2% en 1986).

En definitiva, si se confirmaran estos resultados, habríamos regresado a un bipartidismo imperfecto, mucho más imperfecto que antaño, pero bastante claro, con una nueva izquierda en el lugar de IU y un partido intermedio que desempeñaría un papel semejante al FDP alemán o al de los liberaldemócratas británicos, dispuesto a completar mayorías por babor o por estribor.

Lo más reseñable de esta correlación de fuerzas, en que las dos minorías apenas representan el 30,3% de los votos, es que Podemos y Ciudadanos tendrán grandes dificultades para sacar adelante una reforma de la ley electoral que incrementará la proporcionalidad y les diera opción a sobreponerse a la tendencia bipartidista que impone la ley d’Hont al penalizar a las minorías.

Visto de otro modo, si sucede lo que se presagia, desaparecerán las mayorías absolutas, con alguna excepción poco significativa, y se impondrán los pactos de gobernabilidad, que deberían ser también de corresponsabilidad. Algunos -no sé si muchos- pensamos que la necesidad de acuerdos para gobernar mejora la democracia y hace mucho más difícil la corrupción, por lo que deberíamos adaptar la mentalidad y el talante a esta nueva necesidad, que obligará a grandes ejercicios de tolerancia. Con la configuración estatal que se anuncia del abanico parlamentario, los pactos más probables habrán de ser PSOE-Podemos y PP-Ciudadanos, aunque lo deseable sería que, en cada caso y en cada institución, quienes se dispongan a unir fuerzas sea capaces de argumentar su decisión ante los ciudadanos aportándoles un programa detallado de la ejecutoria que se disponen a emprender juntos.

La sociedad viene de pasar un prolongado mal trago, debido a la crisis y al pésimo espectáculo de depravación y falta de escrúpulos que el establishment ha ofrecido a la ciudadanía, y espera que el cuatrienio que está a punto de abrirse represente la resurrección de la política y el hallazgo de un tiempo nuevo en que lo público, limpio de polvo y paja, resurja al servicio de todos. Con estos nuevos mimbres, será probablemente más fácil innovar e ilusionar a una sociedad muy escéptica y cargada de dudas.

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