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Secreto del sumario

La discusión no puede ir en el sentido de acallar a la prensa sino de exigir más y mejor criterio a los jueces
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En este país, el secreto del sumario, concebido en principio para ser aplicado sólo en aquellos casos en que el conocimiento de las actuaciones podía dificultar las pesquisas, se ha convertido en un escudo arbitrario que los jueces y los políticos han administrado a su antojo. Porque el «periodismo de investigación», seamos francos, ha sido la mayoría de las veces una maniobra encaminada a sacar a la luz una filtración interesada, que beneficiaba a unos y perjudicaba a otros. Y si es natural que se debata este estado de cosas irregular y cargado de arbitrariedad, es también evidente que la discusión no puede ir en el sentido de acallar a la prensa sino de exigir más y mejor criterio a los jueces, que son quienes deberían dosificar con ecuanimidad la información derivada de sus investigaciones. Escribió Claude Julien, antiguo director de Le Monde, que el periodismo debe obstinarse en divulgar todo aquello que el poder se empeña en ocultar. El aforismo sigue plenamente vigente en la actualidad, y eso es lo que debe hacer el sistema mediático, cada vez más rico y plural gracias a la coexistencia de los medios tradicionales con los vinculados a las nuevas tecnologías. Porque conviene recordar, que la lucha contra la corrupción en este país no ha corrido a cargo de la clase política sino del poder judicial. Y en este escenario, la prensa ha creado los pertinentes climas de opinión y ha dado cobertura a los sumarios judiciales más incómodos para el poder.

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