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Según temporada

La mayoría querían ser futbolistas si eran niños y maestras si eran niñas
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No está suficientemente estudiado el hecho de que en agosto los españoles se dividen en dos grandes grupos: los que mueren de un golpe de calor y los que no dan golpe. Los periódicos, las televisiones y las radios, que en su admirable diversidad tienen en común ser de quienes las pagan, ofrecen su hospitalidad a los más frívolos. El próximo curso, que incluye el curso de los acontecimientos, está distante, aunque ya sabemos que el tiempo no es solo distancia, sino sentimiento. Los que tenemos un gran porvenir a nuestras espaldas no dejamos de interesarnos por saber lo que nos espera, aunque no esperemos nada. Sabemos lo que va a ser de nosotros, pero hay que haber alcanzado la cumbre del egoísmo para no preocuparse por lo que va a ser de vosotros. La vida sigue y es intrigante cómo va a presentarse para los que vengan detrás, que tendrán que arrear si quieren hacerla algo mejor o por lo menos más vividera, en expresión de los filósofos optimistas. Una curiosa encuesta, que desmiente que agosto sea el reino caliente de la frivolidad, hecha entre los niños y las niñas de entre cuatro y 16 años, nos da una pista. La pregunta única es ¿qué quieres ser de mayor? Pocos han contestado que querían ser solo mayores. La mayoría han dicho que querían ser futbolistas, si eran niños, y maestras, si eran niñas. Así que la Liga y los no menos competitivos sistemas educacionales están garantizados.

Lo más esperanzador y reconfortante es que no abunden los adolescentes que deseen ser políticos, aunque la profesión no deje de tener atractivo, siempre según temporada. Cuando no tienen nada que decir, pronuncian discursos y cuando no tienen nada que hacer, hacen declaraciones. No es un mal oficio, si bien se mira. Aunque se vea con poca simpatía, tiene sus ventajas. En realidad son un gremio y tiende al compañerismo. Hoy por ti, mañana por mi. Existen las rivalidades, pero no las exclusiones. Entre calé y calé no vale la buenaventura.

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