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Sensibilidad y simbología

Tras los difíciles momentos vividos pocos días antes de la investidura, el hecho de ver culminado el acto sin altercados se puede considerar, sin lugar a dudas, una victoria de la democracia
 

Yolanda Ortega

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Sensibilidad y simbología

Sensibilidad y simbología

Sensibilidad a flor de piel respiraba Joe Biden cuando el miércoles 20 de enero se investía como el 46 presidente de los Estados Unidos. Y no es para menos. Después de los difíciles momentos vividos pocos días antes de la investidura, el hecho de ver culminado el acto sin altercados se puede considerar, sin lugar a dudas, una victoria de la democracia.

«Victoria de la democracia», «no habrá paz sin unidad» y «quiero ser el Presidente de todos los estadounidenses, tanto de los que me han votado como de los que no», son frases sencillas, claras y responden al cien por cien a las características comunes de los discursos de un buen comunicador político de nuestros días.

Pero ¿cómo ha sido su discurso? Bajo una perspectiva de Ciencia Política el discurso presidencial ha sido realizado bajo dos pilares: el pilar de la emoción, el cual respondería al lenguaje verbal y el pilar de la simbología, el cual respondería a la puesta en escena del fasto evento en el cual se convierte la investidura de un presidente en Estados Unidos.

Con respecto al primero, el lenguaje verbal, el primer elemento a examinar es la duración de un discurso. Este fue de veinte minutos. Se excedió un poco más, pero poco, justo lo necesario para que los asistentes no perdieran la concentración del mismo. Discurso estructurado, con principio y fin, cerrado en circulo, como lo demostró el final del mismo: «Compatriotas estadounidenses, cierro igual que comencé, con un juramento sagrado. Ante Dios y ante ustedes».

Jurar definido por el diccionario enciclopédico ilustrado como «someterse solemnemente a los preceptos constitucionales de un país, estatutos de las órdenes religiosas, etc» y mencionado al final del mismo, deja en la retina y en la mente de aquellos que lo escuchan la emoción de la legitimidad de su cargo.

Continuando con el lenguaje verbal, como ya indicaba al principio de este artículo, el discurso pilotaba sobre el principio de la unidad y de democracia. Democracia en el respeto a la discrepancia de opiniones, a saber distinguir entre verdaderas y falsas noticias; todo ello con la finalidad de eliminar la polarización existente y de alejar la idea de «robo de elecciones».

Otro elemento a destacar del discurso fue el feminismo: «hoy celebramos el juramento de la primera mujer en la historia de Estados Unidos elegida para un cargo público nacional, la vicepresidenta Kamala Harris». Por partida doble interesante, puesto que no representa tan solo la tan ansiada igualdad de las mujeres a ocupar el lugar que les corresponde sino también por la superación del estigma racial.

La simbología es un gran recurso que siempre ha existido y que es tremendamente efectivo en política. En el caso de Estados Unidos, y centrándonos en el acto de la investidura, la simbología se ve representada materialmente a través de la bandera.

Una explicación a esta exaltación de este símbolo la encontramos en el libro que sobre la Historia de Estados Unidos da Philipe Jenkins cuando afirma que: «el exceso de migración mantenida a lo largo del tiempo y la creciente masa de diferentes culturas les ha llevado a acentuar un patriotismo desmesurado cuyo rasgo más sorprendente es la devoción por la bandera». De ahí esa explanada extensa de banderas sustituyendo a la población que por la situación actual de crisis sanitaria no ha podido asistir al evento.

Lady Gaga y Amanda Gorman, una cantando y la otra recitando, manera muy sutil de acaparar la atención de uno de los espectros de población menos interesados en la política: los jóvenes o Jennifer López y su «libertad y justicia para todos», mensajes todos ellos simbólicos dirigidos a fidelizar su voto. Toda simbología que debería leer entre líneas Trump al ver sentados entre las filas de invitados a los expresidentes tanto conservadores como demócratas, y al vicepresidente saliente, Mike Pence.

Para acabar, otro dato simbólico más: Joe Biden es el segundo católico en ocupar la presidencia de los Estados Unidos. El primero fue J.F. Kennedy.

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