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Separación de poderes

¿Es seguro que el Gobierno de Mariano Rajoy se ha tomado en serio la corrupción?
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En este Gobierno no dimite nadie. La renuncia inducida del titular de Educación, José Ignacio Wert, fue premiada con la embajada en París ante la OCDE. Pero, ahora, como la fecha de caducidad del reparto de prebendas está muy próxima, que cada palo aguante su vela. Hasta el final. Como hizo el viernes ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, al intentar justificar la reunión con su viejo amigo Rodrigo Rato, imputado desde hace tres años por graves delitos de corrupción, a los que se suma ahora una investigación sobre presunto blanqueo de dinero en el extranjero.

Fernández Díaz sostuvo, contra viento y marea, que en el encuentro sólo se trató de la protección personal de su interlocutor, que tenía fundado temor de que le fuera reducida. Creía que su seguridad estaba amenazada, ratificó cariacontecido Mariano Rajoy desde Ordes. Incluso si diéramos por válida esa información, sería obligado preguntar: ¿Es seguro que el Gobierno se ha tomado en serio la corrupción, más allá de la catarata de medidas legislativas a futuro?

Porque no lo parece, visto el empeño que puso el titular de Interior en aparcar cualquier atisbo de crítica contra los manejos de Rato, «una figura tóxica», según el Financial Times. Cuando la diputada Rosa Díez le recordó que el Gobierno ha estado «protegiendo los intereses del señor Rato», también miró para otro lado. En su día, la Fiscalía y el FROB rechazaron que se le impusiera fianza en el caso Bankia.

Puesto que en la polémica reunión sólo hablaron de la seguridad personal de Rato, al ministro Fernández Díaz le pareció imprescindible recordar que todos somos iguales ante la ley, más allá de la oportunidad política, y a defender, categórico, que en España funciona el principio de separación de poderes. Ahí, encendió la mecha de la irritación entre los miembros de la Comisión de Interior del Congreso.

Cuando el titular ministro de Interior conoce todas las actuaciones judiciales que se llevan a cabo con participación de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, cuando semanalmente le informan de los casos que pueden estallar la semana próxima, cuando los partidos, representados en el Consejo del Poder Judicial, analizan con lupa y condicionan políticamente los nombramientos de las altas magistraturas del Estado.

Cuando las presiones políticas para desbaratar la instrucción del sumario del ‘caso Gürtel’ o el de los ‘papeles de Bárcenas’ comenzaron desde el minuto uno, cuando el escándalo Jordi Pujol saltó a la palestra precisamente –ni antes ni después–, de que el expresidente de la Generalitat optara abiertamente por la independencia de Cataluña, cuando el último fiscal general del Estado, Eduardo Torres Dulce, se vio obligado a renunciar harto de las presiones recibidas, cuando... Habría sido mejor que el ministro hubiera continuado de perfil.

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