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Ser o no ser sacerdote

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Como creyente que soy desde hace 93 años querría manifestar mi asombro ante algunas afirmaciones del sacerdote Krzysztof Chaeamsa. Comprendo que él necesitaba salir del armario y que se sintiera constreñido al vivir en incongruencia con lo que, a través de su traje talar del que no se desprende, debía de ser testimonio. En una emisora de radio ha declarado: «No podemos seguir odiando a las minorías sexuales».

¿Acaso la Iglesia los odia?, más bien los acoge, otra cosa es que apruebe el matrimonio gay. También ha dicho: «los homosexuales somos buena gente». ¿Quién dice lo contrario? No será ese el motivo por el que se le hayan retirado los cargos. Afirma también: «el silencio te hace fariseo e hipócrita». Podría responderle que depende. El silencio en ocasiones no sólo es necesario, sino que en muchos casos es conveniente. En todo caso, para un sacerdote, en general lo que se espera de él es, precisamente, el silencio de oficio. Ha manifestado también que «Había que decir que los gais existen y que el lenguaje de la Iglesia es de incompetentes» Únicamente me atrevo a decir que si realmente piensa así, me cuesta creer que quiera seguir perteneciendo a ella y que diciéndolo hace un flaco favor a los que sí creemos en ella.

Ser católico es una dicha, pero implica una aceptación de unas normas. Únicamente pido respeto a los que creemos y doy gracias a Dios por haberme dado un hijo sacerdote que únicamente me ha dado alegrías y en los últimos años es el consuelo de mi vejez.

Lázaro Crespo Ramas

(Tarragona)

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