Sex, Sea and Sun

Ha fallecido Georgie Dann durante una operación de cadera como no podía ser de otra manera, y ya han aparecido quienes quieren borrar su memoria por el carácter machista y racista de sus pegadizas canciones del verano
 

Juan Ballester

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Juan Ballester, escritor

Juan Ballester, escritor

Ha fallecido Georgie Dann durante una operación de cadera como no podía ser de otra manera, y ya han aparecido quienes quieren borrar su memoria por el carácter machista y racista de sus pegadizas canciones del verano. Los Censores extraen estrofas ofensivas: «La cerveza qué buena está, rubia o morena eso que más da». La Vanguardia dice en un artículo que cosifican a la mujer, otros hablan de virilidad hipertrofiada, furor sexual y chabacanería. «Las chicas en verano no guisan ni cocinan, se ponen como locas si prueban mi sardina».

A pesar de que Georgie Dann pasaría por sudamericano por su tez oscura y música caliente, era de París. Su padre, trompetista de ópera; su mujer gogó; sus tres hermanos y sus hijos músicos de conservatorio; tocaba el clarinete y fue un entregado profesor que componía con sus alumnos como método eficaz de aprendizaje.

Hace cincuenta años vino al Festival del Mediterráneo de Barcelona y se deslizó por la ola del último decenio de la Dictadura de Franco (1965-1975). España que venía de tres décadas de hambre y racionamiento vivía un periodo de bonanza, mejora de sueldos y mucha alegría. Georgie Dann llegó con los SEAT Seiscientos, la clase media, los electrodomésticos y los turistas que venían a comer paellas mientras se ponían rojos como gambas. «Conejo a la francesa, pechuga a la española y almejas a la inglesa». Su mayor éxito, El chiringuito (1993), fue una protesta cuando se planteó prohibirlos.

Entonces también comenzó la libertad sexual, la contracultura, la rebelión social, el underground y se encendió un potente foco que alumbró los más oscuros años de la represión. Abrieron las ventanas y el aire se lo trajeron centenares de miles de extranjeros que descubrieron con incredulidad el país de las tres «S»: Sex, Sea and Sun. Fue como si Georgie Dann nos trajera el Mayo del ’68, pero a ritmo de pachanga.

Realmente el tema racial es tan insistente en sus composiciones que no queremos ni pensar en que lo cojan por banda los Censores. Los Rollings Stones, icono de la rebeldía, han retirado Brown Sugar de su repertorio tras recibir un brutal ataque de diez mil amenazas por redes sociales. En EEUU han eliminado doscientas veces la palabra «negrata» de Mark Twain en Las aventuras de Huckleberry Finn a pesar de ser una novela antirracista. En Alemania han blanqueado al negrito del Cola-Cao y en Reino Unido, dicen que Tintín nunca debió viajar al Congo. ¿Qué pasaría si los del Black Lives Matter se enteran?

Al acabar de cortar sus letras quedará como músico instrumental. «Cuando suena el acordeón, hay que ver cómo se menea la gorda negra»; «El pobre negro triste vuelve a casa, ¡Como trabaja!, ¡!como trabaja!»; «Mami, yo me acuesto tranquila, me arropo la cabeza y el negro me destapa».

Este último verso pertenece a Mami, qué será lo que quiere el negro que, junto con El negro no puede, han otorgado a Georgie Dann el mérito de incluir dos suyas entre las diez canciones más políticamente incorrectas de la historia. Si en la primera se hace referencia al mito sexual de los hombres de color, Mami, el negro está rabioso, en la segunda destruye el estereotipo tratándolo de impotente pues, «Aunque la negra pone todo lo que tiene, el negro no puede».

Hay dos clases de dictaduras, las más viles destrozan todo vestigio con el fin de reiniciar los tiempos y que ningún pasado reste brillo a su esplendor. La corrección política empezó suavemente a no permitir que se ofendiera a las minorías, algo que a la mayoría -que no tenía por costumbre- le pareció fantástico como eficaz método educativo. Pero ahora lo pisotea todo. Es cosa de blancos y blancas dándose golpes en el pecho, en EEUU donde nació, solo un treinta por ciento la respalda, pero el porcentaje desciende significativamente entre los indios, hispanos, musulmanes y afroamericanos.

En aquella década prodigiosa de la que poco se ha escrito, nuestras madres y tías se tapaban la boca ruborizadas cuando escuchaban las letras picantes de Georgie Dann sin parar de bailar El Bimbó. En la verbena, bajo las banderitas, chocaban con sus maridos y novios pechito con pechito y cadera con cadera de una forma mucho más ingenua que el perreo del reggaetón. El negro no puede, lo van a renombrar, y se titulará Has estado fantástico.

El problema de borrar el pasado es que en el futuro nos borren a nosotros. No está en las normas de corrección política entre las distintas generaciones juzgar los tiempos del Entonces con las normas del Ahora, y menos si está por medio nuestra Mami. Miren los coches, en los actuales no cabe nada y en aquellos diminutos utilitarios todo cuanto necesitaban.

Una cosa es arrepentirte o querer olvidar algunos pasajes de tu historia y otra extraer las hojas de la libreta. Algunas canciones se salvarían de la quema, pero solo por las coreografías calificadas de explotación heteropatriarcal del cuerpo femenino, no va a quedar ninguna grabación audiovisual. Así que tieta, esconde las cintas de cassette y aquel vestido ceñido a la cintura si no quieres que te arranquen del diario la Fiesta Mayor del pueblo. En esta vida hay que continuar en la página correlativa para no perder el hilo musical y que no nos quiten lo bailado.

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