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Opinion editorial

Sigue el espectáculo lamentable

Puigdemont ha logrado arrastrar al Gobierno del PP a otro ridículo internacional como ya lo hiciera durante el 1-O.

 

Diari de Tarragona

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En circunstancias normales, hoy a les 15.00 horas, correspondería iniciar el pleno de investidura del preisdent de la Generalitat en sesión del Parlament de Catalunya. Horas antes de la sesión no se sabe por dónde puede discurrir la increíble sesión. Las resoluciones preventivas dictadas por el Tribunal Constitucional impiden que hoy pueda realizarse investidura alguna del candidato propuesto, Carles Puigdemont. La exigencia que su elección tenga que ser presencial y que además para poder acudir a la Cámara necesite la autorización del juez del Supremo Pablo Llarena, impiden en la práctica que la investidura sea viable. Además, el mismo magistrado ha negado la autorización para que Oriol Junqueras pueda participar en el pleno de investidura pese al antecedente que en situación similar se produjo con el diputado vasco electo y encarcelado, Juan Karlos Ioldi. No es previsible que el presidente del Parlament, Roger Torrent, intente desobedecer las resoluciones del Constitucional y permita el desarrollo de la sesión con un discurso de Puigdemont leído por otro diputado. Y mucho menos que se autorice una intervención telemática. La única acción que Torrent puede propiciar sin arriesgarse a contravenir el dictamen judicial es abrir un turno de intervenciones de los grupos políticos para que expresen sus opiniones ante la inusitada situación y dar por finalizada la sesión sin resultado alguno. Otra opción en la misma línea llevaría a Torrent a la suspensión de la convocatoria a la espera de que el Tribunal Constitucional dicte una resolución definitiva sobre la investidura de Puigdemont, al tiempo que resuelva los recursos presentados por Junts per Catalunya.
Lo único cierto es que hoy tendremos nuevo show político que puede alargarse por dos meses hasta apurar al límite que nos llevaría a nuevas elecciones. Cuando estemos al borde de este nuevo precipicio, los independentistas propondrán un candidato elegible. El PP ha caído nuevamente en la trampa como ya lo hizo el funesto 1-O.

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