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Simplemente la destrucción de España

Una vez abierta la caja de Pandora, cualquiera puede querer campear por su cuenta

Enrique Arias Vega

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Nunca llamamos a las cosas como son. Si lo hiciéramos, al referirnos al seísmo catalán no hablaríamos de soberanismo, procés, desconexión, autodeterminación, referéndum,… ni ninguna metáfora por el estilo. Simplemente, aludiríamos a la destrucción de España. Hasta se podría estar de acuerdo con eso y, por lo que se ve, muchos lo están. 

Hablamos de destruir España porque el Estado que lleva durando jurídicamente al menos cinco siglos (y su concepto, Hispania, otros dieciocho más), no sería ya el mismo sin una importantísima parte de su territorio y porque, una vez abierta a caja de Pandora, cualquiera puede querer campear por su cuenta. 

Eso es lo que muchos pretenden: ser cabeza de ratón antes que cola de león. En su obcecación sentimental, parecen decantarse por tener menos bienestar, menos libertades cívicas, menos solidaridad interterritorial, menos igualdad, con tan de sentirse diferentes (es decir, superiores al resto). 

Es en esos términos en los que hay que plantearse cualquier aventura secesionista. Lo contrario supone seguirles el juego a los apóstoles de la diferenciación, la desigualdad y el antagonismo.
Las rupturas, en un mundo cada vez más interrelacionado, más igualitario y más democrático, sólo propician el perjuicio de todos: los separados y los separatistas, los más pobres y los menos pobres. Sólo los corruptos (corruptores y corrompidos) son los que con ello hacen su agosto.

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