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Sin tiempo para la tristeza

La limpieza diaria, vestir lo mejor que pueden y mostrarse siempre pulcros es algo innato

Ramon Llorens

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‘Qué tristeza todo lo que has vivido en África; qué duro debe haber sido; qué afortunados somos!’. Esto me dicen muchos al leer mis crónicas sobre África o cuando les cuento el viaje. Es cierto, somos muy afortunados, pero cuando llegas a África no es tristeza lo que te invade, sino ganas de ayudar y de facilitar la vida a los que allí están. 

Un ejemplo muy claro de esto es Marlon. En Liberia le conocen como Doctor Fernández. Es un médico costarricense que un día decidió dejarlo todo e irse a salvar vidas a miles de kilómetros de su amada Costa Rica. 

Él vive en la misión que la Comunidad Cenáculo tiene a hora y media de Monrovia; dos días a la semana atiende en su consulta en una clínica, visita enfermos en el campo de refugiados mensualmente y una vez a la semana recibe a los vecinos de la misión para curarlos de sus dolencias. 

En la misión en la que vive hay unos cuarenta niños, cuatro Hermanas de la Resurrección y quince voluntarios y voluntarias que durante dos o tres años entregan su vida a cuidar de los niños. No es una vida fácil, vives rodeado de selva y con poco contacto con el mundo exterior, pero es algo que llena, te pasas el día trabajando en la casa y cuidando de los niños, y no necesitas nada más.

Como este hay miles de ejemplos en África, voluntarios que van ayudar en lo que se pueda, médicos que salvan vidas diariamente, periodistas que se la juegan continuamente para contar las distintas realidades del continente… En algunos momentos deben sentir pena y tristeza por los que allí se encuentran, pero no pueden dejarse embargar por esa tristeza, la debes dejar de lado y seguir adelante. No queda otra. 

La suerte de la vida, donde naces, es lo que determina tu futuro. Nacer en África o aquí te cambia la vida por completo. Cuando vamos allí nos damos cuenta de ello pero no creo que ellos piensen tanto en eso, simplemente se limitan a seguir adelante y luchan por su vida. Una existencia que intentan vivir de la manera más digna posible, que sorprendería a muchos. Para ellos, por ejemplo, la limpieza diaria, vestir lo mejor que pueden y mostrarse siempre pulcros es algo que les sale de dentro. A los que llegamos allí nos sorprende que entre tanta pobreza surja tal dignidad. 

Hasta que no lo vives en primera persona no eres consciente de ello. Comentando con gente que ha estado allí, coincidimos que el sentimiento no es de pena, lo definiría como un sentimiento de solidaridad, de ponerse manos a la obra. No puedes quedarte parado ante una realidad que a primera vista parece triste, debes actuar, ayudar en lo que sea. 

Por eso en Liberia se valora tanto el trabajo de doctores como Marlon, que entregan su vida para servir a los demás y que con gestos muy sencillos para ellos salvan decenas de vidas. O de hermanas y voluntarios que no buscan nada a cambio, sino entregar una parte de su vida a quien más lo necesita. 

África sigue siendo el continente olvidado pero siempre hay gente dispuesta a ayudar. No hay tiempo para la tristeza y el lamento, sólo vale mirar al frente y ponerse manos a la obra.

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