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Sociedad incivil

Una sociedad civil diferenciada de la política es requisito para la democracia

Juan Carlos Viloria

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El desmantelamiento policial de dos asociaciones como Ausbanc y Manos Limpias, poniendo al descubierto que practicaban el vicio y no la virtud, ha sido la guinda que corona la montaña rusa de corruptelas destapadas en la frenética acción judicial de los últimos cuatro meses. La guinda más amarga porque se trata de dos organizaciones incardinadas en lo que se considera como parte de la sociedad civil española. Resignados como estábamos a ir descubriendo que el partidismo político además de probidad y honradez alberga importantes reductos de indignidad y relajación, ahora descubrimos otro fraude. Que bajo la fachada de asociaciones que se ofrecen como mediadores entre el individuo y el Estado para proteger los intereses de los primeros se esconden también los pícaros, los sinvergüenzas, los aprovechados, los cínicos. Que chasco.

La existencia de una sociedad civil diferenciada de la sociedad política –dice Habermas– es un prerrequisito para la democracia. Son los colectivos de ciudadanos que deben actuar al margen de las estructuras gubernamentales y autónomos del estado para vigilar la aplicación efectiva de los derechos alcanzados. Esa es la teoría. Porque hay que ser vicioso y embaucador para utilizar la tapadera de combatir la injusticia en los tribunales o la usura en la banca para ganarse la confianza del público y hacer chantaje con ella. No lo creo, pero la presunta trama de Ausbanc y Manos Limpias indica que la confianza depositada por la sociedad en ese sector no está suficientemente justificada. Me parece sospechosa, y lo digo con toda prudencia, la aparición masiva en los últimos años de tantas ONG, organizaciones sin ánimo de lucro, asociaciones para la defensa de especies en peligro de extinción o contra la destrucción de no se qué ecosistema de musgo endémico. El hambre en el mundo, el cambio climático, la discapacidad y otros males dan mucho juego. Muchas ONG actúan como grupos de presión para lograr movilizar energías sociales y concienciar a los estados de problemas que se ignoran o arrinconan. O sea, que parezca que hago un gran servicio a la sociedad, y me lo llevo crudo en desgravaciones, subvenciones y ayudas varias. La sociedad civil es otra cosa.

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