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Soldados de juguete

Para matarnos los unos con los otros nos basta con los métodos tradicionales
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Los expertos en inteligencia artificial, en vista de que la natural no puede dar más de sí, se oponen contra el desarrollo de los robots militares, aunque la militarización de los civiles siempre haya venido siendo un intento de robotización. El eminente físico Stephen Hawking -ya saben, el sabio plegable- figura entre los que han encabezado el manifiesto contra los autómatas militares. Su portentosa inteligencia, que sigue conviviendo con un cuerpo inutilizable, le hace repudiar el uso sustitutivo de los robots en las próximas guerras. Al ser humano siempre le ha gustado entrematarse sin necesidad de sustitutos mecánicos. ¿Cómo pueden jurar que van a entregar hasta la última gota de su sangre quienes están hechos de tornillos hábilmente combinados? Hasta que no se invente un robot que llore al conocer la noticia de que ha fallecido otro robot, que era íntimo amigo suyo y compañero de fábrica, el ser humano seguirá siendo el llamado rey de la creación y allá el sumo Hacedor con las explicaciones.

Más de 1.000 científicos, a cuál más sabiondo, han firmado una carta abierta contra el desarrollo de soldados que prescindan de la intervención humana para dar la vida por su metálica patria. A Ray Bradbury le habría emocionado esta forma de rebelión. Incluso a Asimov se le habría escapado una lágrima, como al Cid Campeador, que era muy bien barbado, cuando vio los huertos de Valencia. Para matarnos los unos con los otros nos basta con los procedimientos tradicionales. No nos hacen falta suplentes. Las guerras son para quienes las trabajan.

Las armas autónomas carecen de criterios éticos y eso está muy mal visto, hasta el punto de que estremece a sus inventores, pero no es nuevo.

Desde que Kant soñó con la paz perpetua, pasando por todos los pacifistas de los últimos tiempos, siempre hemos anhelado un planeta que no tuviese que ser regado con la hemoglobina de sus fugitivos pobladores. Jamás lo hemos logrado. A ver si los robots nos echan una mano.

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