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Somos hermanos

Antoni Coll i Gilabert

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Uno de sus últimos actos del viaje africano del papa Francisco fue la visita a la mezquita de Bangui, capital de la República Centroafricana y una ciudad de las consideradas más peligrosas del mundo.

El Papa se descalzó al entrar, en sigo de respeto, y pronunció unas palabras en torno a un pensamiento: «Cristianos y musulmanes somos hermanos».

No es una afirmación obvia en un país desangrado por una guerra civil múltiple para la que se aducen con frecuencia motivos religiosos.

La fraternidad, y la paz que es su resultado, necesita de estos gestos, que inauguró Juan Pablo II cuando, en 2001, visitó el Templo de los Omeyas en Damasco. Fue la primera vez que un Papa entraba en una mezquita. Antes (en 1986) ya había sido el primero en entrar en una sinagoga. Son gestos que si fueran imitados acabarían con la violencia en nombre de Dios, «una blasfemia», como dijo Francisco.

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