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Soñar no es gratis

Hace años que desconfío de las grandes promesas, de anuncios de proyectos pomposos que no se creen ni sus impulsore
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Hace años que desconfío de las grandes promesas, de anuncios de proyectos pomposos que no se creen ni sus impulsores y de grandes equipamientos de dudosa utilidad. Una incredulidad que no es fruto de los excesos de la última etapa de bonanza, con una larga lista de aeropuertos, grandes teatros, auditorios y museos, entre otros equipamientos, que, además de sobrepasar de largo los presupuestos iniciales, han quedado a medio construir o no albergan ningún tipo de actividad. Siempre he pensado que antes de poner el listón tan alto conviene saltar otros más bajos. Por eso, cuando en julio de 2003 la Cepta sorprendió con la propuesta de hacer de Tarragona candidata a organizar la Expo de 2015, que se celebra en Milán, apenas di crédito al anuncio. Menos aún cuando escuché al entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, mostrar su apoyo a la iniciativa con un tímido «aplaudo y apoyo» que habría ofrecido a cualquier propuesta de sus anfitriones igual que a la lucha contra el hambre o la extinción de la ballena azul. No se trata de una actitud catastrofista sino de realismo.

Lo mismo me sucedió cuando en 2012 conocimos que Bañuelos tenía previsto impulsar un macrocomplejo de ocio junto a PortAventura. Nada más y nada menos que seis casinos junto a hoteles con 12.000 habitaciones y cinco smart cities inspiradas en Brasil, India, China, Rusia y Oriente Medio, con gastronomía, ocio y oferta comercial propia de estos lugares. No dudo que se levante algún casino, más de un hotel y de nuevo viviendas. Sea ahora o más adelante, sea con Bañuelos y los operadores anunciados o con otros. El entorno es privilegiado. Pero el Bcn Dream queda cada vez más lejos mientras en nuestro territorio, crece la lista de retos más urgentes:dar algún destino útil a la Savinosa y a la Ciutat de Repòs i Vacances, captar vuelos para el alicaído aeropuerto de Reus, lograr que la A-27 sea una realidad o que TGN se reconcilie con el mar. Ojalá dejen de ser el sueño de una noche de verano.

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