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Srebrenica

Fue aquella una guerra producida por un choque brutal de identidades
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Se han cumplido veinte años del genocidio de Srebrenica.

El ejército serbio, con el general Mladic al frente, asesinó a sangre fría a más de 8.000 bosnio musulmanes por razones exclusivamente étnicas en un enclave en teoría protegido por Naciones Unidas al que habían acudido para protegerse más de 40.000 refugiados.

Fue el episodio más brutal de la guerra de los Balcanes, que produjo más de 100.000 víctimas y 1,8 millones de desplazados. En el corazón de Europa. Fue aquella una guerra producida, simplemente, por un choque brutal de identidades. Los exacerbados nacionalismos de croatas, serbios y musulmanes encendieron la hoguera, más allá y por encima de opciones ideológicas. El argumento identitario convirtió los antagonismos, las diferencias, en radicales enemistades. En aquel conflicto no hubo adversarios sino enemigos, que se aniquilaron entre sí por la simple razón de la diferencia, por el miedo al otro, por la generalizada cobardía de replegarse en la tribu y cerrar después las puertas a cal y canto. La guerra de los Balcanes fue el reflejo de otros nacionalismos que ya habían hecho estragos en la Segunda Guerra Mundial. Y el aviso de lo que podría suceder si Europa no trascendiese de sus particularismos. Ojalá que quienes hoy exhiben sin pudor y con agresividad la etiqueta del nacionalismo hayan aprendido la lección.

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