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Tabacalera:el último desacierto

El reto es hallar arquitectos que recuperen edificios para usos adecuados
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Todas las cosas de la vida se miden. Tangibles o intangibles, hay una vara de medir. La divina, para los creyentes, y la humana, para todos. Cualquier acto o decisión humana es cuestionable y criticable. Y entrados en el territorio de la crítica, convenimos en pensar que cuando la crítica es clamorosa, popular, multitudinaria, alguien puede haberse equivocado. Hoy, cómo no, les hablo de nuevo del último desacierto que condena a Tabacalera a un destino incierto y efímero.

No se puede diseñar una ciudad a golpe de ocurrencias desconexas o de oportunismos propios de un día de buen o mal humor o de pasajeras ideas personales convertidas en dogma de fe. Tampoco se puede dibujar una ciudad sin pensar en el peso económico de cada línea trazada. Los arquitectos no somos dibujantes, sino ideólogos que diseñan proyectos tangibles. Cada raya mal proyectada conlleva sus consecuencias. La buena arquitectura debe estar atenta al coste global, y a los pequeños detalles que, a menudo, se olvidan y se dejan, por pereza o comodidad, para expertos en otras materias.

Por ello creo conveniente insistir de nuevo en la paradoja, en la contradicción y en el grave error, todavía corregible, de convertir Tabacalera en el trastero de la ciudad donde se coloca todo lo que no se sabe dónde colocar. Que te falta espacio, a Tabacalera; que una asociación necesita salas, a Tabacalera; que hace falta no sé qué, a Tabacalera. Buen chiste para el club de la comedia.

Tabacalera tiene 65.000 metros cuadrados que se están ocupando de forma no planificada, sin pensar en el proyecto global de ciudad. Se trata de uno de los mayores espacios edificados de la ciudad en el propio centro urbano abandonado a la suerte de las ideas de hechiceros de la arquitectura, que ya nos han enseñado rituales iniciáticos no muy convincentes.

La primera afirmación es que la parra urbana (jardín vertical) no vivirá lo suficiente para ver Tabacalera terminada. La segunda es que el edificio verá morir la parra en menos de una década, a no ser que las palomas y hedores que la habitan lo maten todo antes.

El 6 de octubre de 2013, el Diari de Tarragona se hizo eco de una noticia terrible. El Mueso Nacional Arqueológico de Tarragona (MNAT) dispone en sus almacenes de 6 millones de piezas que no pueden ser expuestas por falta de espacio. ¿Alguien se ha percatado de que es una colección más grande si cabe de la que puede exponer el Museo Nacional arqueológico de Nápoles, el más importante de Europa?

Parece ridículo, pero las acciones implican reacciones, y las reacciones, resultados. Una ciudad patrimonial con tanta desidia cultural como la nuestra merece uno de les espacios más grandes de Europa para exponerse y presentarse a sí misma. Imagínense 65.000 m2 destinados a ese gran mueso, organizado por salas, colecciones, períodos, por yacimientos...

Sin apenas dudarlo, afirmo que la polarización de turismo de calidad en esta ciudad no pasa por la ‘mamadeta’ ni por la ‘mascletá’ del Miracle, sino por verdaderas acciones culturales a largo plazo. El observador que haya visitado el Museo Nacional Arqueológico de Nápoles verá que el edificio es enorme, vetusto, sin grandes lujos, con ventanas de madera. Una modesta edificación bien mantenida sin grandes lujos.

Quizás el reto de esta ciudad es encontrar arquitectos que renuncien a hacer su arquitectura y se dediquen a recuperar edificios para usos adecuados. Demasiado ego, demasiada verborrea dialéctica para imponer una obra propia cuando en realidad se debe actuar más como cirujanos de los edificios y pasar desapercibidos.

Por tanto, desde una óptica cultural ‘real’ y de calidad, Tabacalera, con la Necrópolis al lado, no puede tener más claro ese uso museístico definitivo. Sin duda, cabría un espacio destinado a recordar, en el propio museo, en la sala de los pasos perdidos, fotografías, planos y si cabe el busto del autor de la parra urbana, como recordatorio de lo que no tuvo que haber sido jamás. De esa forma, el autor pasaría a esa quizás añorada y ansiada posteridad.

Si Nápoles, disponiendo de áreas monumentales o yacimientos muy alejados, recibe cerca de 270.000 visitantes al año en su Gran Museo, Tarragona, recibiendo una cuarta parte refrendaría un éxito sonado. No olvidemos que todo el potencial de territorio asociado a esta museización (Els Munts, El Mèdol, Pont del Diable, Centcelles) se encuentra en un radio de menos de 5 kilómetros y permite una organización espléndida de un territorio espléndido.

Señoras y señores. El Museo Arqueológico de Tarragona (MNAT) se ha quedado pequeño con sus 3.246 metros cuadrados. Casi ridículo. Solo puede exponer cerca de un 5% de sus piezas y pequeños tesoros. Solo hace falta una adecuada planificación para articular éxitos culturales para esta ciudad de valor intangible. Hay que trasladarlo definitivamente a Tabacalera y preservar el edificio actual como espacio interpretativo de la ciudad. Sin duda, cabe recordar al consistorio que si no se hubieran enterrado 34 millones innecesarios para un mercado sería posible soñar con un mejor reparto de ideas y posibilidades para esta ciudad. La gran lección es no poner todos los huevos en la misma cesta y dejar la cesta en manos de terceros. Te puedes quedar sin huevo.

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