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Taller de reparaciones

Renoverse o morir, pero conviene saber que ambas cosas no son compatibles
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Hay que arreglar algunas cosas antes de que venga el otoño y las hojas caigan y las musas engorden. Al Gobierno le corre más prisa que a los gobernados, que ya se cansaron de esperar contra toda esperanza. Se trata de recuperar lo que nunca tuvo: la confianza. Como está demostrado que a la luz cambian las cosas, la presidenta de la Comunidad de Madrid, que anteayer fue investida, ha enarbolado la antorcha que se quema por las puntas.

Desea un nuevo PP, ya que el último está muy visto y en algunos casos incluso para sentencia. Lo que quiere Cristina Cifuentes, ahora que se llevan tanto las banderas, es ondear la de la renovación y para eso tiene que impedir que renueven su carné los corruptos. La Comunidad de Madrid, que gastó 2.500 millones más de los que ingresó el curso pasado, deberá recortar ahora 600 millones para cumplir con el déficit. Las cifras siempre ocultan la visibilidad del horizonte, que es una raya. Los que se han pasado de ella son los culpables.

Cuando se afirma que hay que renoverse o morir, no conviene olvidar que ambas cosas no son compatibles. Mucha gente ha fallecido cuando intentaba renovarse, como esos viejos que hacen ‘footing’ y se compran indumentarias de vistosos colores para ir con la lengua fuera por las escasas sendas de la ciudad que no han sido ocupadas por los coches. En el principio fue el verbo pero luego vinieron los peatones, que debían su maloliente nombre a tener que andar a golpe de calcetín. Como el tiempo no está quieto, creíamos que eso era el prodigio y hasta escribíamos con iniciales mayúsculas ese nombre. Ahora se trata de devolver el poder adquisitivo a los funcionarios maltratados por la crisis, pero eso es porque se acercan las elecciones y urge contentar a los votantes con pagas extra y días libres. No nos hacen la menor gracia los que tratan de congraciarse. Seguimos en el taller de reparaciones. Aunque el verano sea muy largo, la vida es muy corta.

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