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Tarragona, de espaldas al mar

¿Hay una sórdida intención para que Tarragona siga de espaldas al mar?

Ramon Grau

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Estimado amigo, siento incordiarte, pero por enésima vez me topo con que vuelven a diagnosticarme ‘Ciudad que vive de espalda al mar’. Pienso que infundadamente se refieren a vosotros, mis ciudadanos, me incomodan las etiquetas y sambenitos. La evolución de los acontecimientos parece evidenciar su certeza, pero sin duda circunstancias ajenas, adversas y poderosas os han obligado. En mi época floreciente de Tarraco amurallada vivíais conexionados a nuestro mar. Los aurigas triunfadores salían del circo por la Porta Triumphalis (como los toreros) y se dirigían arropados por el pueblo y triunfalmente hacia el anfiteatro, frente al mar. Las domus, residencias solariegas, gozaban de la naturaleza fuera murallas, cara al mar. En el Teatro el amplio graderío se orientaba al panorama marítimo. Y qué decir del espléndido e imprescindible puerto, primordial camino de comunicación Hispania-Roma, sujeto diariamente a un constreñimiento, si sufría desperfectos por cualquier causa era reparado con gran esmero y rapidez a cargo del erario público. En aquella idílica época, los 30.000 habitantes cortejaban con mis playas.

Después, durante siglos, se sucedieron visigodos, luchas, árabes, usurpaciones, asedios y defensas. Siendo plaza fuerte fui arrasada y despoblada, atacada y pirateada por mar, un sin vivir. Tales quebrantamientos impidieron coexistir con persistencia cerca del mar. Deambulando al azar entre pasajes y acontecimientos históricos, encuentro grilletes del pasado que os condicionaron.

En 1229, esperanzados en vanagloriarse de vuestro mar, el armador Pere Martell, en un banquete celebrado aquí con el Rey Jaime I, consiguió convencerlo y emprender la conquista de Mallorca. Histórica dimensión, zarparon sus navíos acompañados por una inmensidad de velas blancas ‘del puerto de Salou’, no del nuestro. Fue un menosprecio marítimo. Los actuales desdenes recibidos del ‘Madrid culpable’ son de garrafón comparados con los ataques al puerto, siglos XVII y XVIII. En 1641 y 1643, por orden del arzobispo de Burdeos, os pusieron sitio además de 9.000 soldados por tierra, 18 galeras y 21 naves, ¿De cara al mar ante aquellas masas cretinizadas? Nueve años más tarde otro azote por mar, los enemigos de la Corona os sometieron a otro largo sitio, amurallados y con gran valor resististeis, extenuados y distanciados del puerto os fue imposible evitar que el enemigo indignado al no lograr conquistaros, se cobró destruyéndome el muelle, que en 1616 ya se había desmoronado. Tras pocos años de respiro, grave paso atrás, por lealtad borbónica en 1717 se prohíbe el desembarco de mercancías en el puerto. Crisis casi irreversible, además de despoblada, alrededor de 3.000 habitantes, el tráfico portuario de ciudades vecinas utilizaban el de Salou. Fueron inútiles las innumerables protestas al Virrey –pues yo tenía un privilegio real de 1590 que prohibía desembarcar mercancías a menos de seis horas de mi puerto– ni caso, debido a vuestra escasa influencia (como ahora). Salou radical, proyectaba construir una torre de defensa a fin consolidar su prebenda. Ya cansados, en 1770 mis comerciantes dejaron de presionar e interesarse por el puerto. Es que Tarragona no tiene aduana, decían. Con gran sacrificio económico hubo de construirla porque Torredembarra amenazaba con la suya ¿Vivir de cara al mar con ese cuadro? Siguió la marginación felipista desviando el tráfico portuario a Salou. Al fin, forzado por mi expansión como ciudad, un Real decreto de 1790 devolvió vuestro Privilegio.

A partir del siglo XIX, esperanzados horizontes, pero siguen las circunstancias suavemente en negativo respecto al mar. ¿Mediante presión legal, por omisiones, indiferencia, olvidos o retenciones? Ahí van algunos ejemplos: al comienzo de la futura Rambla, con el mar de cara, destruyeron mi ladera hasta la playa, precisaban piedra para ampliar el puerto, amoldándose a la coyuntura del despeñadero creado pusieron una balconada sobre un asiento de piedra para repantigarse, pero de espalda al mar; llegó el ferrocarril con extensa explanada cerca del mar, inmenso acopio de mercaderías; construyeron dos penales, uno frente a la estación y otro encima del anfiteatro romano, complicado acercarse al mar. Quemando etapas costó años sacar aquel berenjenal, consiguiendo un paseo marítimo y dos carriles (ningún obsequio fue para el facilitar tránsito de camiones al puerto). Ahí está la anacrónica estación, incluye una valla opaca impidiendo el acceso y vista al mar. Cerca de ambos fortines –donde los fuegos artificiales– durante una década fue lugar de prácticas de tiro del ejercito, ¿Acercarse a ver el mar?. En el Serrallo, deliciosa playita de agua tranquila, ¡fuera!, hay que construir el muelle. Os acercabais al faro, servían deliciosas sardinas a la brasa al tiempo que en los pesqueros, cara al mar, intentabais pescar algún esparrall. Fue inmolado, cediendo paso al puerto industrial. Elegante restaurante en el fortín de la Reina, calidad y capacidad, cara al mar e integrado al paisaje, hay que derribarlo, contradice el Plan General. Olvidaba una sórdida pareja: Preventorio Savinosa, casi rodeado de mar, proceso evolutivo cero y la abandonada Ciudad Residencial, motivo de famosa película. ¿No deberían ser resucitadas siguiendo la ejemplar solución en matadero y plaza de toros? No, vinculadas al mar. Mamotreto del Milagro de ignorada utilización ¿Pretendía alguna función ciudadana cara al mar? Prohibido utilizar. Las discotecas del Club náutico, no molestaban, murieron lentamente cerca del mar. Claro y contundente, descubro un dibujo-propuesta de Luis Mallafré, una amplia y espléndida pasarela sobre el ferrocarril –frente a los antiguos Baños–, conduce a una Escuela del Mar, pabellones infantiles y Hotel Casino, fue publicado en Diario de Tarragona el año 1927, todo cara al mar, nadie lo juzgó seriamente. Tantos impedimentos, ajenos a vosotros, mis ciudadanos ¿Al parecer casuales, desvelan una sórdida intención de provocar la espalda al mar?

Ahora, finalmente empobrecidos y rendidos ante la poderosa Renfe, el sueño de la eliminación del ferrocarril para vivir de cara al mar será sustituido por una serpenteante pasarela que salpica el paisaje.

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