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Tarragona y el tren por castigo

Saturnino Bellido propuso en 1883 desviar el ferrocarril por la Plaza Imperial Tarraco

Ramon Grau

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Tarragona y el tren por castigo

Tarragona y el tren por castigo

Amigo Ramón, hoy irá de Renfe-Ferrocarril-Estación, pero antes permíteme comentar el primer acto de la obra ‘Los cien días de gobierno’ Ballesteros Fernández y Prats efectuaron complacidos el primer posado después del pacto municipal. Interpretaron la primera pieza de su futuro repertorio. Asegurando deberes supuestamente hechos, enarbolaron un cinco raspado. En mi opinión, también de la oposición, su obra es inerte, continuista y otros adjetivos.

Esperaba una ‘ballesterada’ –como calificaba su ahora Fernández–, pues no, de relevancia que las obras del Mercado se han acelerado (no observo ningún reprise). Fernández ni palabra de lo prometido el año pasado de rebajar el IBI, la basura y otras tasas, quizá no ha tenido tiempo. Prats sabemos que ha empleado muchas horas reuniéndose con promotores, entidades de la ciudad y concejales de otros municipios. Mi vecina dice que vio a los tres con algo de penuria, como de Gobierno ‘en funciones’. Emocionados blandieron la palabra estabilidad, según Espasa significa «permanencia y firmeza». La permanencia la consiguieron con la mayoría, en cuanto a la firmeza se va larvando con cierta autarquía, como demostraron en el plenario denegando que los trenes dirección Barcelona efectuaran parada en El Prat, para facilitar a mis tarraconenses el enlace con el aeropuerto.

Percibo reflejada la encomiable implicación del Puerto en la ciudad. Remota aquella situación durante la dictadura que nos mantenía de espaldas. Abordado ese camino, la reciente restauración y recuperación del edificio del Pòsit de Pescadors, es pieza certera anclada en el Serrallo, que la merecía. Asimismo la licitación de la –al parecer– exitosa Pasarela del Miracle de acceso a la playa, sutileza en el intento de resolver la perturbación del dogal de hierro que la ciudad soporta desde siglos atrás. Intensa generosidad, pero paradójicamente diluye la relevancia de una solución definitiva. Aunque inmunizada, imagino la satisfacción de Renfe –allegada del Gobierno– ante estas premoniciones de panorama resuelto, silenciada Tarragona. Sé que tengo que claudicar, pero a mi modo de ver, en mi humilde opinión creo que la pasarela, urbanística y estéticamente, no quedará integrada en nuestro extraordinario paisaje, ese que Carlos IV calificó como «el mejor mirador al mar que tengo en mis estados». Perdóname, segura de perder esta batalla, bromeando diría que añadiéndole agua podríamos disfrutarla deslizándonos en plan tobogán acuático directamente al mar. Seriamente, íbamos por buen camino, lentamente pero nos habíamos librado del ‘despeñaperros’ (así llamaban a la zona en 1899), del penal de la estación que servía de cocina para los 250 presidiarios, del otro penal del Milagro, del inmenso depósito de mercaderías al aire libre y del proyecto del siglo pasado de una mamotrética estación que pretendían situar al lado del Anfiteatro romano. Para desadulterarla del todo precisamos eliminar las vías. No creas que desviar del ferrocarril es idea moderna, tuvo mentes privilegiadas, el ingeniero Saturnino Bellido –realizador del proyecto de Moll de Costa, en 1883– propuso cambiar el trazado y situarlo por la actual zona de la Plaza Imperial Tarraco. También Salas Ricomá, su planeamiento de Ensanche de la Ciudad, en 1884, extendiéndola hacia el Oeste, previó el desvío del ferrocarril por allí y el Ayuntamiento, con buen criterio, comenzó la política de adquisición de terrenos reservándolos para ese fin. Perdimos ese desvío, fingimos olvidar el fracaso. Posteriormente, valorado por la ciudadanía, esos terrenos sirvieron para edificar la Escuela del Trabajo, Casa Bloc, de los Mestres, iglesia de Sant Pau y el Gobierno Civil. Otro estudio desviaba la línea férrea entrando mediante túnel perpendicular por debajo de Pons Icart, situando la estación en la Plaza Verdaguer para reaparecer cerca del Camí de la Cuixa. A mediados del siglo pasado, el proyecto de circunvalación de la N-340 reservó espacios para el paso del ferrocarril. Lástima que la gestión de Ballesteros en ese tema ha sido aciaga. En 2007, aspirando políticamente a un triunfo simbólico o quizá efectista, solicitó al socialista Zapatero, presidente del Gobierno, un estudio de nuevo trazado subterráneo de ferrocarril y su paso por la zona Avenida de Roma –en Gerona se hizo un túnel de siete km–. Condescendiente, Madrid aceptó la propuesta –me restregué los ojos– aunque tranquilamente se durmió dos años, en 2009 adjudicó el estudio. Los concesionarios –lento proceso místico– tardaron otro año en personarse para tomar datos. Aseguraron que estaría redactado en un plazo máximo de dos años. En 2011, ¡euforia contenida! En espera del estudio en marcha, el ferrocarril pasará subterráneo por Marqués de Montoliu, obra presupuestada en 300 millones. ¡Qué vergüenza! Estamos en 2016, nueve años de milonga para hacer solo un futuro ilusorio estudio. Silencio y frialdad estremecedora. A esta velocidad, la obra, en utópico, increíble y prodigioso caso de enhebrarla y aprobarla, podría adjudicarse en el siglo XXII. ¿Qué ocurre? ¿Esa gestión negociadora de nuestro Ayuntamiento es veleidosa, volátil y de dudosa eficacia? Nos hemos pinchado con la aguja del pajar o tenemos encima una sombra agorera. ¿Hemos de echar de menos algo de fiereza? Entretanto Renfe, exultante, ocupa 300.000 m2 (equivalente a 40 campos de fútbol) de nuestra ciudad en situación privilegiada.

¡Albricias! Gracias a que llegó el ‘hada Elecciones’ anunciaron ejecutar la segunda fase del remiendo de la Estación-Apeadero, pero cepillada –como el Estatuto–, es decir solo un 15% de los 14 millones necesarios. Por cierto ¿no te suena la cifra? Sí hombre, sí, parecida a la que prometieron para los Juegos, y Mercado que también han sido cepilladas por el lomo.

Perdona, muchacho, ante tanta viruta y las elecciones he estado desconectada estos días, tal como hoy lo veo, te aconsejo que dejes de pensar en la posibilidad de arrancar ese ferrocarril de nuestras playas, es surrealista, Renfe nunca moverá ni un raíl. ¿Para qué? ¿Interés popular, eso qué es? ¿No está sometiendo a nuestros habitantes a dañinos retrasos manteniendo en Cataluña la red en malas condiciones? Eso es mala salud de hierro.

¡Increíble!, mi palurda y poética vecina ante el desenlace electoral profetizaba «Dosifica tus corrupciones, puedes ganar elecciones»

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