¿Teletrabajando o tele pasando de todo?

Opinión. «Una ciudad como Tarragona debe cuidar pequeños grandes detalles. Y estos contenedores son un peligro de accidente»

ENRIC CASANOVAS

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La subida y la bajada de la calle Pons d’Icart, con los contenedores. FOTO: cedidas

La subida y la bajada de la calle Pons d’Icart, con los contenedores. FOTO: cedidas

Siempre he dicho que el mes de agosto es el peor mes para morirse. No hay nadie para el papeleo. O casi nadie. Ya verán porque lo digo. Y es que en los pequeños detalles está a veces la grandeza de una ciudad y la de sus gobernantes. O lo contrario: la pobreza de ideas, el gandulear profesional y la nula capacidad de liderazgo.

Seguro que todos ustedes han visto la ejecución de las obras de Pons d’Icart y las han sufrido. Y ahora que ya han acabado, viene lo inesperado, lo inimaginable se vuelve certero: hermosos contenedores invadiendo un carril de la calle, muy cerca de una curva.

La pesadilla de los contenedores es de juzgado de guardia. Es para sacar los colores a más de uno del Ayuntamiento. Ni somos Smart ni hay voluntad porque falla estrepitosamente la comunicación. Hay mierda para repartir entre todos. Desde movilidad, pasando por medio ambiente, urbanismo, vía pública y hasta alcaldía. Lástima que no hay Conselleria de sentido común. Lo que les digo lo ve hasta un tonto. Pero quienes debían verlo, no lo ven. Uno ya no sabe si en este Ayuntamiento están todos de vacaciones, teletrabajando o realmente, pasando de todo, excepto algunos pocos.

Y es que claro (invento nombres por la LPD); el parte técnico que hace Pepó es enviado a Manolito telemáticamente o con la app. Pero como la secretaria Lola no está y Lito de vacaciones, no lo han podido ver. Se lo han pasado a Toño. Y este está hasta el c…ño. Se lo ha dejado en la mesa a Luisa, pero no se la espera hasta septiembre. Y regiduría no lo sabe porqué en la oficina no hay nadie. Entonces alguien ha llamado para hablar con el responsable de movilidad y está no se sabe dónde. Y resulta que la urbana no puede hacer nada porque no son ellos los que mueven el container. O será algo así. Créanme. Para enmarcar en una hermosa postal de turismo de la ciudad. Deben ser todos eméritos. Y así parece que funciona esta ciudad. A golpe de estupidez.

Si bien defiendo la función pública y la sobrada dedicación de muchos funcionarios del Ayuntamiento a los que, personalmente conozco y están dando el callo, no me cabe la más mínima duda que unos cuantos están tomando callos en alguna terraza y pasando de todo.

«No hay excusas»

Una ciudad como Tarragona, una ciudad que pretende ser algo, debe cuidar pequeños grandes detalles. Y unos contenedores en plena vía pública son un peligro de accidente. No hay excusas. No hay peros que valgan. No hay más explicación que la desidia, la dejadez de funciones y la irresponsabilidad de algunos frente a estas situaciones que solo obedecen a una estructura organizativa que no funciona. Y menos en mes de agosto.

La subida y la bajada de la calle Pons d’Icart, con los contenedores. FOTO: cedidas

Quizás, y digo quizás, no me haya dado cuenta de que el carril de subida pudiera estar pensado solo para bicicletas. O para vehículos Smart. O para patinetes o cualquier cosa perteneciente a un nivel mental superior. Si así fuera, pido sinceras disculpas por mi osadía.

Y a los responsables de esta chapuza les digo: sigan teletrabajando, no sea caso que les molesten.

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