Más de Opinión

Opinión Cartas de un Puma

Tendí la manta en el campo

Martín, un pastor de Azuara (Zaragoza), se echó a primera hora de la mañana del martes pasado al campo para ir a pie al barranco de la Magdalena y atender a sus ovejas

Ángel Pérez Giménez

Whatsapp
Tendí la manta en el campo

Tendí la manta en el campo

¡Hola vecinos! Martín, un pastor de Azuara (Zaragoza), se echó a primera hora de la mañana del martes pasado al campo para ir a pie al barranco de la Magdalena y atender a sus ovejas. Unas 350 distribuidas en dos parideras a doce y diecisiete kilómetros del pueblo. En el zurrón, un bocadillo, leche y fruta. Y, junto a Martín, su perro. La Madre de Todas las Nevadas, una tal Filomena, no le había permitido cuidar del rebaño en los días anteriores, al no poder usar el coche. Anduvo entre un metro de altura de nieve y alcanzó la primera de las parideras a las tres de la tarde. Siete horas de dificultosa caminata. Comprobó las bajas sufridas, avió agua y alimento para las ovejas y, sobre las seis de la tarde, llegó a la segunda paridera más muerto que vivo. Diez animales habían sucumbido al frío. 

Martín hizo lo que había ido a hacer y se sentía desfallecer por el cansancio. Noche cerrada. 56 años. Avisó a su hermana y esta a la Guardia Civil. A las doce de la noche, una patrulla salió a buscarlo. Primero en todoterreno hasta donde se pudo y, luego, con raquetas. Dieron con la paridera a las tres de la madrugada. Y ahí estaban Martín y su perro, a trece grados bajo cero. Martín ya no sentía las manos. 

Con té caliente en el estómago y unos frutos secos que le dieron los agentes, el pastor se calzó las raquetas sobre las botas de agua, e iniciaron el descenso hacia el todoterreno, en medio de una ventisca de cuando el grajo vuela bajo hace un frío del carajo. Al todoterreno llegaron a las seis y cuarto de la mañana. Hubo que poner la calefacción a toda mecha para que Martín recuperara el calor. Ya en casa, ha dicho que un pastor no abandona a sus ovejas y que, la suya, es una profesión en extinción.

Martín me trae a la memoria a José Iranzo, «El Pastor de Andorra», afamado cantador de jotas que recorrió medio mundo con su voz y estilo propio: Reino Unido, Francia, Alemania, Holanda, Bélgica, Cuba, EEUU, México, Marruecos… Cantó ante el rey Hassan II de Marruecos en su palacio de Fez. Y a Robert Kennedy le dedicó una jota -¡en inglés!- durante la Feria Mundial de Nueva York.  En fin, un figura que siempre aseguró ser, por encima de todo, pastor.  En cuanto le era posible, volvía al Ventorrillo, en las afueras de Andorra (Teruel) a cuidar de las ovejas.  Se reconocía como cantador aficionado y pastor de corazón.  Murió a los 101 años sin perder un ápice de su nobleza, bondad, sencillez y oficio.

Hay mucho de José y de Martín en las gentes del pastoreo.  No puede ser oficio a extinguir.  ¿Qué lo va a sustituir? ¿Un dron? «Tendí la manta en el campo y se me llenó de flores.  Bendita sea la madre que nos parió a los pastores». ¿Esto lo cantaría un dron?

Ángel Pérez Giménez: Periodista. Exjefe de protocolo del Gobierno de Aragón, exdirector de la Escuela de Protocolo de Aragón.

Temas

Comentarios

Lea También