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Opinion EDITORIAL

Tengamos el 1-O en paz

El uno de octubre, con el rango que se le quiera otorgar, debe ser ante todo una jornada de expresión pacífica y democrática sin asomo de violencia por ninguna parte

Diari de Tarragona

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El independentismo cerró anoche la campaña del referèndum. EFE

El independentismo cerró anoche la campaña del referèndum. EFE

La logística del referéndum del 1 de octubre recibió ayer dos nuevos reveses con la incautación de  2,5 millones de papeletas y cuatro millones de sobres en un almacén de Igualada, así como el control de las urnas que se encuentran custodiadas en dependencias de diversos ayuntamientos, entre ellos el de Tarragona. A estas alturas, nadie puede otorgar a la convocatoria del domingo el más mínimo atributo de referéndum. No hay censo, no hay composición de mesas, los colegios electorales no se sabe si podrán abrir, las papeletas y los sobres se tendrán que traer de casa tras una elaboración propia y finalmente las urnas quedan a expensas de algún milagro bíblico que el Govern pueda saldar a última hora por sorpresa general. Pese a ello, el Gobierno central persiste en no permitir que nadie vote, ni siquiera que nadie realice algún gesto que pueda interpretarse como algo similar a un comicio. Y para tener la seguridad de que se aborte físicamente cualquier conato de votación, el gobierno requiere de la colaboración de los Mossos, que son los que han recibido el encargo judicial. Sin embargo, como ha reiterado el conseller de Interior, Joaquim Forn,  la policía catalana «no antepondrá la seguridad ciudadana al cumplimiento de la ley». Que cada cual interprete las palabras como quiera, pero parece evidente que los Mossos no actuarán contra una población civil «armada» con unas papeletas. Es lo más racional. Todas las grandes manifestaciones llevadas a cabo en Catalunya por el independntismo en los últimos seis años han sido un ejemplo de civismo sin que se hubiera registrado el más mínimo incidente destacable. El domingo no tiene porqué suceder otra cosa. El Gobierno ya ha desmantelado el referéndum. No habrá ningún resultado homologable ni de lejos. El 1 de octubre no será otra cosa que una nueva explosión de protesta y de reivindicación de la independencia de Catalunya, previsiblemente la más numerosa de las acaecidas hasta ahora. El pulso será estratégico para iniciar la negociación con más o menos ventaja. Porque habrá negociación.

 

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