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Terrorismo a la desesperada

La estrategia de sembrar el miedo entre los ciudadanos de las grandes ciudades no servirá de nada. Están perdiendo el tiempo

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La ofensiva terrorista no se detiene y elige  cada vez objetivos más insospechados pero que puedan provocar una fuerte repercusión mediática y, al propio tiempo, la alarma social. La última hazaña de estos descerebrados ha consistido en lanzar un ataque contra el autobús en el que viajaban los jugadores del Borussia Dortmund. La mala fortuna ha querido que el jugador peor parado por el ataque terrorista haya sido nuestro Marc Bartra, ahora enrolado en las filas del equipo alemán. Afortunadamente el defensa de Sant Jaume dels Domenys podrá recuperarse de las heridas por las que tuvo que ser intervenido y ayer ya compareció ante los medios de comunicación para tranquilizar a sus seguidores. Indudablemente las medidas policiales cada vez más exhaustivas en los puntos considerados críticos para llevar a cabo una acción terrorista obligan a los lobos solitarios a elegir objetivos imposibles de proteger al cien por cien, pero con capacidad para buscar el resultado que persiguen, que no es otro que la propaganda y la provocación. No están consiguiendo ni lo uno ni lo otro. Ninguna ciudad de todas las que han sido víctimas últimamente de los ataques terroristas ha alterado lo más mínimo su pulso habitual. Ni París, ni Londres, ni Bruselas, ni Estocolmo ni Dortmund  se han sumido en el miedo colectivo. Todo lo contrario. Los ciudadanos han salido más que nunca a las calles. Que sepan que esta batalla la tienen perdida. Que lo sepan sin lugar a dudas.

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