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'The Migrant Files'

La gestión de la inmigración debe plantearse a escala planetaria
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The Migrant Files es un proyecto europeo, transfronterizo, en el que participan una quincena de periodistas e investigadores –entre ellos, un representante del periódico digital nativo español de más audiencia–, que tratan de averiguar la trascendencia económica de la lucha de la Unión Europea contra la inmigración ilegal. Es decir, indagan el precio de mantener incólume –o lo más incólume posible– la Fortaleza Europea, de muros cada vez más altos y que en ciertas fronteras es, efectivamente, una muralla física: hay barreras materiales entre Hungría y Serbia, entre Grecia y Turquía, entre los territorios de Ceuta y Melilla y el vecino Marruecos.

Las principales cifras que ya se han establecido y que revelan la envergadura del problema y la onerosa obstinación de Bruselas son éstas: en los últimos quince años, las mafias que trafican con seres humanos han obtenido unas rentas de 15.700 millones de euros. Desde el 2000, las políticas europeas de expulsiones y repatriaciones han costado unos 11.300 millones. En el mismo plazo, la vigilancia estricta de fronteras ha representado un gasto de 1.600 millones. En resumen, Europa ha invertido en quince años unos 13.000 millones de euros y las mafias han obtenido cerca de 16.000.

El informe pormenoriza los gastos, y así podemos enterarnos de que mantener las vallas fronterizas de nuestras plazas africanas cuesta unos 10 millones al año. De que nuestro país invierte unos 49 millones al año en detener y deportar a inmigrantes ilegales. O de que existe un programa financiado con fondos europeos (3,5 millones de euros), denominado Sniffer, que investiga cómo detectar por el olor corporal a inmigrantes ilegales. Porque los grandes beneficiarios de estas inversiones son grupos tecnológicos que trabajan en materia de seguridad (empresas como Finmeccanica, Airbus, Thales o la española Indra).

Los movimientos migratorios son pese a todo muy abultados: en 2014, unas 600.000 personas han buscado refugio en Europa y en 2015 la presión es muy superior. Las barreras impuestas han costado la vida a unas 30.000 personas en esos quince años. Ya se sabe que no es posible aceptar en Europa a todos los pobres del mundo y que hay que cuidarse del ‘efecto llamada’, pero no parece difícil de entender que la gestión de la inmigración debe plantearse a escala planetaria, con grandes alianzas y en el marco de un gran sistema global de cooperación económica y social.

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