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Todos los hombres del presidente

La confianza en Rajoy está rota, incluso entre muchos barones y alfiles
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El regreso de Aznar a los cenáculos de Madrid, versión contemporánea del viejo mentidero de la corte donde los columnistas han reemplazado a los quevedos y los diputados a los hijosdalgos, delata la orfandad de la derecha. «Si los resultados de primavera son catastróficos, no hay que descartar el regreso de Aznar.». Esa es la consigna que, ‘sotto voce’, más se repite estos días. Claro que ese ruido de sables contra el marianismo es un canapé de blablablá entre las delicatessen del menú. Pero si en diciembre hay desastre, será diferente. La confianza en Rajoy está rota, incluso entre muchos barones y alfiles de alcaldía penalizados por su gestión del descrédito, mientras Aznar ha conservado una aureola mítica.

Todo esto abona la conspiranoia provocada por la detención sobreactuada de Rato, humillado en la picota de la plaza pública para la pena de telediario: ‘Rajoy ha dejado caer a Rato para ensombrecer la memoria del aznarismo’. La teoría es simple: si Aznar es una amenaza siquiera como desiderátum, hay que rematar el aznarismo. A eso también se le asocia que Ruz haya extendido la caja B al tesorero de Aznar, estableciendo una continuidad Lapuerta-Bárcenas. En definitiva, vincular a Aznar a la corrupción, para hacerle perder la aureola, y borrar el sebastianismo de quienes lo veneran en la memoria sentimental. Así está el PP.

Sin embargo el descrédito real del aznarismo, con o sin conspiranoia, tiene un efecto corrosivo para el PP. Rajoy, al tratar de salvarse él, estaría hundiendo más al partido. Para una buena parte del electorado conservador, el aznarismo funcionaba como paraíso perdido que catalizaba el orgullo de la derecha. Por eso el descrédito retrospectivo está dañando tanto la confianza. En la ruina de las encuestas, hay más frustración por la pérdida de ese orgullo que otra cosa. Mayor Oreja cayó en su delirio hamletiano, Rato con Bankia, y Rajoy en el poder; también la segunda línea, Acebes, Zaplana, muñidor del cenagal levantino con los Fabra o Cotino. y suma y sigue de Gürtel a Púnica. La desafección del votante tiene mucho de desencanto, más allá de Rajoy, por ese retablo.

A la caída del aznarismo parece encajarle el título de ‘Todos los hombres del presidente’, usado por Bernstein y Woodward para Watergate parafraseando a Humpty Dumpty. ¿El PP ha cruzado la línea irreversible? Ver a ‘Todos los hombres del presidente. Aznar’ estigmatizados hace dudar; y sobre todo con Rato encarnando el ‘capitalismo de amiguetes’, la conversión de España en su Españopoly. Claro que Rajoy no se va a salvar así; él es uno más. Y aunque sus aciertos y el ciclo económico hayan hecho ya girar la crisis, ha hundido la imagen del partido. Desde su gestión de Bárcenas -«Luis, hacemos lo que podemos»- todo ha sido trinchera. Pero la teoría de la manzana podrida ya no vende, porque la sociedad ve el cesto entero en descomposición.

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