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¿Crisis? ¿Qué crisis?

De adicciones, siempre ha habido y siempre habrá; de jóvenes, unos éramos adictos al futbolín, otros al pingpong, al pinball, a las máquinas de matar marcianitos, parchís, libros, cromos, etc.

A partir de los 16 años, fútbol, balonmano, baloncesto y más deportes.

Todas estas adicciones, potenciaban los reflejos, la fuerza física, la inteligencia y más cosas; el que valía, se ganaba la vida como deportista (Ángel García, José Luis Martín, etc.) y si no valías, como yo, pues a trabajar.

Pero lo del teléfono móvil, ya supera de largo los límites de la estupidez (con perdón) humana. O sea que nos quejamos de la crisis y compramos móviles de 500 euros en adelante, que nos permiten perder los pocos puestos de trabajo que quedan, para enriquecer a compañías que ni siquiera son de nuestro país.

«Cosas veredes, amigo Sancho, que faran fablar las piedras».

Enrique Torné Domenech

(Tarragona)

Warren Buffett, la paz y el amor al prójimo

Muchísimas personas habrán leído el honroso gesto del norteamericano señor Warren Buffett, dirigiéndose al Presidente de los Estados Unidos de América señor Obama, proponiéndole subir los impuestos de los más ricos y bajar los de los más pobres.

Esto hace ya unos meses. Y como el Sr. Obama, sea por lo que sea, no ha movido hoja, he leído en el mismo Diari que, dando buenas muestras de «amor al prójimo», ha tomado una determinante decisión propia, consistente en llamar a sus tres hijos y decirles:

«Queridos hijos, al no ser atendido por el Sr. Obama y su gobierno, he tomado la decisión personal pertinente. A vosotros, como hijos, os cedo el uno por ciento de mi actual fortuna, considerada hoy día como la segunda del mundo. Todo lo demás lo destino íntegramente a las diferentes ONG del universo entero, para su justa y equitativa distribución».

Es un gesto digno de elogio, pero que, de momento, no se puede aun definir, pero que la magnífica intención del Sr. Buffett no deja de ser un signo de amor al prójimo, lleno de la más cordial bondad e incluso exagerada.

Pero no estaría de más que todos los que se encuentran en holgadas posiciones económicas tomasen nota y dieran ejemplo de honestidad y desprendimiento, sin tan siquiera mermar más de la cuenta los intereses normales de cada caso.

Los dadivosos mecenas podrían aliviar una buena parte de las necesidades ajenas más apremiantes, pero a mi entender, un gobierno responsable y catalizador de las diversas posiciones económicas de una nación consciente de su sagrado deber, debería poner en práctica la imposición de pagos justos, para que, sin la imperiosa necesidad de recurrir al tan reiterado ruego del sentir ajeno, pudiera satisfacer las pertinentes necesidades.

Y sin darle más vueltas, digo: O el amor al prójimo se hace patente realidad o el mundo se desvanece. ¡Que Dios nos ayude!

Joaquín Suñé

(Salou)

Cóctel Manhattan y Winston Churchill

Jennie Jerome, una neoyorquina descendiente de un abuelo indio, inventó el cóctel Manhattan, mezclando whisky y vermut dulce. Esta mujer se convertiría en el año 1874 en la esposa del aristócrata inglés Lord Randolph Churchill, trasladándose a vivir con él a Inglaterra.

Trasladada en su nuevo país, ese mismo año daría a luz inesperadamente a un hijo en el vestidor de damas del castillo de Blenheim, donde asistía a un baile. Este hijo, al que impuso los nombres de Winston Leonard Spencer, con el tiempo sería el primer ministro británico durante la segunda guerra mundial. De este modo, Winston Churchill (1874-1965) pudo afirmar con total seguridad que un octavo de su sangre era india.

Francisco Ortiz de Pinedo

Mendiluce

(Tarragona)

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