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La reforma del IRPF y la nómina de enero

No se si cuando hayaís visto la nomina de enero, os a entrado la risa. A mi sí, porque es para reirse con todo lo que han armado con la reforma y resulta que los sueldos medios se quedan igual.

Así gastan el dinero de los ciudadanos, en hacer reformas y estudios que no nos llevan a ningún lado.

Poco se va a mejorar la economía y la gente no vamos a animarnos en consumir.

Rafael García Galisteo

(Tarragona)

La herencia romana en el Mare Nostrum

Cornelio Tácito en sus historias narra la vileza, sobornos y malicia que imperaba en la Roma imperial, mientras al pueblo se le distraía con pan y circo.

Salvando las distancias, la corrupción galopante que hoy soportamos es la herencia romana, cambiando el pan y circo por el fútbol y la tele, prueba de ello es que las naciones donde más impera la corrupción son las más romanizadas, la propia Roma, Italia, Grecia, España, Portugal, en definitiva, el Mare Nostrum.

Si el pueblo abandona la ética y sigue el camino del «todo vale», lo corrupto se implanta en la sociedad, si allá por los años cincuenta algunos periodistas no hubiesen aceptado sobres por mejorar sus crónicas taurinas, si algunos jefes de compra no se hubiesen dejado sobornar por dirigirlas a las empresas más obsequiosas, y si no hubiese oído en los ochenta a algunos altos ejecutivos decir, que lo importante no era generar beneficios para la empresa , si no para sí (como Bankia y demás cajas), creo que el nivel de corrupción seria menor, y si existieran humanos como aquel amigo director de sucursal bancaria, que en Navidad todos los regalos personales que recibía como director los guardaba y, pasadas las fiestas los sorteaba entre todos los empleados, el nivel aun sería inferior.

Tenemos un Senado que como en la Roma imperial, no sirve para nada. Tantísimos representantes públicos con la conciencia cautiva en la obediencia de voto.

Sería mucho mejor y económico que se valorara la voz de uno solo según votos alcanzados que no un enorme coro para leer la misma partitura, como decía el Séneca de Pemán valorando la actuación del Orfeón Donostiarra: «Muy bien, pero ¿para qué tantos para decir lo que puede hacer uno solo?»

Creo que sería mejor que todo el que se dedicara a la política, tuviese un nivel intelectual superior al 130 y libertad de conciencia para que pudiesen representar al pueblo y para que esta representación fuese real, debían ser elegidos por los militantes comarcales de los partidos.

No comprendo, que de tantas cosas buenas que nos aportó la romanización, en esta ciudad se destaque la vileza de los gladiadores, disfrutando el pueblo viendo como se mataban unos a otros y decidiendo la muerte con el pulgar. Esta vez no es broma, es utopía.

Pablo Martín de Madariaga

(Tarragona)

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