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La deixalleria de Reus

Escric aquesta carta per corroborar el que el Sr. J. Miró exposa en el seu escrit publicat el dia 6 de setembre al Diari sobre la deixalleria de Reus.

Al mes d’agost hi vaig portar ferralla i paper, i l’assetjament fou tal que he decidit no tornar-hi. És incongruent que després d’intentar fer les coses com cal i fer un desplaçament fins a la deixalleria, quedi tot a mans d’uns tercers que retiren els materials impunement d’un servei municipal i per al seu propi benefici. Aquesta mateixa problemàtica també passa a les deixalleries mòbils.

R. Grau

(Reus)

Sí a los refugiados, pero, ¿y nuestros pobres marginados?

Los medios de comunicación, y las imágenes que han emitido de la huida de personas de sus respectivos países en guerra, parece que han despertado las conciencias anestesiadas de los europeos. La cicatería de la Unión Europea, en repartirse por cuotas los 40.000 refugiados, nos produce estupor al observar la insolidaridad de quienes se pasan el tiempo cacareando los Derechos Humanos. Por otro lado, parece que la red de ciudades para acogerlos, en diferentes lugares nuestro país, ha despertado gran entusiasmo y está movilizando notables recursos, materiales y económicos, para acogerlos.

Todo parece políticamente correcto, pero me pregunto, ¿se han parado nuestros políticos a observar la cantidad de pobres tirados en las aceras y metros de nuestras ciudades?, ¿se han parado a observar los miles de familias que han quedado en la indigencia por los efectos de la crisis económica? Por desgracia, estos colectivos no salen en las fotos masivas de las televisiones, ni sus dramas se dejan narrar en los medios públicos. Nuestra ciudadanía, a la luz de sus grandes contradicciones, precisa de una catarsis colectiva que, o bien se autoanalice su disimulada hipocresia, o bien abran sus conciencias para asumir un compromiso real con las necesidades más próximas a su entorno, como pueden ser: parados y familias de larga duración sin subsidios, personas mayores abandonas en sus paupérrimos pisos, sin la asistencia y el cariño de sus seres queridos, personas abandonadas en asilos y residencias, colectivos de drogadictos y, por no seguir enumerando más tragedias, los 53.459 personas que, sólo en Cataluña, se dedican a la recogida y venta de chatarra, pagándoles por cada 100 kilos la misérrima cantidad de 17 euros. ¿Conocíamos a estas personas que no salen en los medios de comunicación y viven cerca de nosotros?

Es necesario ser más consecuentes y no valorar sólo las necesidades cuando están a miles de kilómetros, para saber afrontar las necesidades de quienes viven en nuestro entorno, a pocos metros.

Mucho me temo que las desgracias de estos refugiados no sirvan como rédito para partidos políticos en ciernes de acontecimientos electorales, aprovechándose de las desgracias ajenas que salen en los reportajes y olvidándose de quienes se hacen invisibles en su sufrimiento porque no salen en las fotos y ni siquiera tienen ganas de ir a votar.

Pronto llegarán las Navidades y nuevamente asistiremos al melifluo espectáculos de las campañas y colectas, con el fin de lavar la mala conciencia con una limosnilla. Este tipo de espectáculos sirven de muy poco para resolver las graves carencias de quienes precisan un plan de choque, pactado entre los partidos y las ONG, para afrontar las necesidades básicas de quienes casi nunca salen en los medios de comunicación. Hay que hacer un ejercicio de autocrítica para desvendarnos los ojos de nuestras malas y egoístas conciencias.

Antonio Sánchez Asín

(Profesor titular emérito UB,

residente en Calafell)

Vergüenza y orgullo

No hay palabras para expresar la mezcla de sentimientos que me invade al conocer la tragedia humana que estamos viviendo en Europa. Los miles de refugiados huyendo de una muerte segura tratan de llegar a otros países en donde puedan subsistir. Hombres, mujeres y niños víctimas de otros hombres. La inercia que demuestran cuando se necesitan soluciones urgentes, me hace sentir vergüenza de ser europea. En contraposición, la determinación con la que el Papa Francisco, sugiriendo aunque con energía, que todas las parroquias acojan a familias de refugiados, me hace sentir orgullosa de ser católica.

Lourdes Camps

(Barcelona)

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